Diosdado es una mami

Daniel Lara Farías.
(@DLaraF en Twitter)
CARACAS(infoCIUDADANO)
13/Abril/2014

I
Quince años cultivando un prestigio de hombre duro. De amo y señor del poder, sea financiero, político o militar. Doce años en la historia épica del régimen, protagonizando el retorno al poder del trece de abril de 2002. Tres lustros de currículo y de prontuario: Director de Conatel, Vicepresidente, Ministro de Interior, Ministro de Infraestructura, Gobernador de Miranda, Ministro de Infraestructura otra vez, jefe político del PSUV a pesar de no haber ganado elecciones internas, diputado electo por su Monagas natal, factótum del chavismo en la AN, finalmente presidente del parlamento de donde nadie parece querer sacarlo. En los hechos, en apariencia, jefe militar de esa tropa bovera en la que se convirtió el otrora Ejército venezolano, forjador de libertades. Además, jefe sentimental de esos militares a los que han apodado los periodistas mal hablados como “El Cartel de los Soles”, de esos nuevos potentados a quienes los maledicentes les han acuñado el término “boliburgueses”, empresarios a la sombra del poder político, de las contrataciones públicas, de las comisiones por sobreprecio en compras estatales, de las colocaciones de la banca pública, del trapicheo de dólares preferenciales etc.
Todo ese poder, fue humillado en Miraflores, en cadena nacional. La Diosdado-Cabello-llorandohumillación, más que por lo que le hayan dicho o lo que lo hayan hecho decir, está en quienes fueron sus verdugos: Un pureto impertinente como Henry Ramos, un muchacho fundamentoso como Capriles y un bobolongo como Nicolás. Estos tres, en distintos momentos, se dedicaron a pasarle el pipí por la cara a Diosdado, frente al país, mientras le gritaban: “Eres una perra, dilo, di que eres una perra”. Una cosa triste ese bullying. Una cosa triste descubrir que el fanfarrón de la escuela en realidad no sabe pelear. Y cualquiera lo ningunea.
II
No había manera de que la cosa le saliera bien a Diosdado en esa mojiganga orquestada en Miraflores el jueves diez de abril del 2014. Sorprende que Diosdado no haya olisqueado el peligro o, que no haya sido lo suficientemente fuerte para evitar que se montara el escenario donde lo desnudaron. Quizás sintió el olor y no pudo parar el desastre.
¿Quién le montó la trampa? No sabemos. Aunque pueden especularse muchas cosas, el ejecutor del asunto fue Nicolás, que se sacó la espina: Diosdado tiene meses actuando como presidente de la república, de facto. En esta ocasión Nicolás decidió actuar como presidente de la AN, llevando a Miraflores una reunión parlamentaria que demuestra la incapacidad de Diosdado para mantener a la oposición con espacio para dialogar en el sitio natural para ello, la Asamblea Nacional. Esa reunión en Miraflores es la prueba fehaciente de la incapacidad de Diosdado para manejar el Parlamento, convertido en una esquina de licorería de barrios bajos, donde ninguna persona decente quiere pasar. Diosdado ha instaurado en la AN el mismo ánimo que hay en la redoma de Petare a las 7 de la noche de un viernes de quincena: un permanente escándalo, un griterío, un puterío, una bebedera de caña y unos tipos armados entrándose a carajazos y vendiendo perico en las esquinas.
Como no se puede parlamentar en el Parlamento porque Diosdado no tiene credibilidad ni dentro de la propia fracción del PSUV, hay que montar un diálogo en Miraflores, de paso con garantes internacionales y eclesiásticos, porque gracias a las formas y maneras de Diosdado, nadie cree en conversaciones con un régimen en el que a una diputada opositora la llaman jinetera en pleno debate, a un diputado adeco le parten la cabeza a falta de aceite para freírsela y al resto se le prohíbe hablar. Es decir, Diosdado prohibió parlamentar en el parlamento.
Quizás por eso Nicolás sonreía cuando Henry Ramos le cacareaba retruécanos a un Diosdado incapaz de debatir en una mesa, al mismo nivel y sin un martillo en la mano.

III
Lo de Henry Ramos Allup no tiene nombre. Qué manera de cagarse en el alma de la humanidad sin tener siquiera moral y sin que, además, la gente se de cuenta de las carencias éticas del elemento. Un sujeto que lleva 11 años de secretario general de un partido al que ha desdibujado a punta de defensas ignominiosas de los intereses económicos de su familia y asociados, es capaz de hablarle de democracia al régimen. Un tipo que se burla de las normas estatutarias del partido que dice dirigir, se da el tupé de dar clases de cumplimiento de la constitución a unos mequetrefes que no supieron ni qué responder. Un personajito que impone a su esposa como vocera de cuanta actividad realiza su partido, es capaz de sentarse en la misma mesa con Nicolás y Cilia y sentirse henrytupamoralmente superior cuando habla de nepotismo. Un tipo que tiene quince años convirtiendo trabalenguas con voz gangosa en discursos que los gallináceos y paraulatas que moran a su alrededor llaman con impudicia “piezas de oratoria” y “clases magistrales de política” sin que les sobrevenga la náusea, es capaz de decir en cadena nacional que tiene “quince años sin hablar” y encuentra que, oh sorpresa, lo dejen hablar.
“No me suene la campanita” le decía al vicepresidente, al que le negó el derecho a ser moderador, derecho que adquirió por el braguetazo que lo convirtió en yerno-gobernante.
“Cálmate Diosdado, yo no soy subalterno tuyo. Y no te pongas bravo” es la frase que lanzó Henry. Y no hubo quien no soltara la carcajada y aplaudiera. Yo aplaudí al esposo de la candidata que llegó de cuarta en El Hatillo, detrás del chavismo en un municipio con 90% de opositores. Yo me reí escuchando al papá de los bolichicos que se hacen ricos en la compraventa de petróleo que el régimen les permite. Yo gocé pensando que, sinceramente, bien mal está este régimen como para que alguien como Henry Ramos Allup, en las últimas horas de su vida política, sea capaz de burlarse de ellos en cadena nacional de la misma forma en que se burla de la democracia interna en su partido (que dicho sea de paso, es mi partido también, porque aunque se le olvide cada vez que me maldice, soy militante de pleno derecho de Acción Democrática, el partido que no fundó Ramos Allup, sino ilustres venezolanos como Rómulo, Leoni, Prieto o Lepage, el que lo llamó esta semana “El Chavecito de AD”).
Solo faltó que Henry le dijera a Diosdado: toma veinte bolívares y anda a comprarme un café, que la cafetera de aquí de este palacio no es mejor que la mía. Anda Diosdado, te estoy hablando, haz caso Diosdado, no me hagas pararme de aquí.
Pobre Diosdado. Dios, ten piedad de él.
IV
Capriles es el compañero de clases que todos tuvimos en primer año. El que llegaba de primero, intervenía en todas las clases y sacaba las mejores notas en todas las materias, menos en educación física. Cuando salía de clases, en vez de quedarse jugando pelotica de goma o futbolito, se iba directo a su casa. Los trabajos en grupo los hacía solo, no sabía lo que era una porno y además, cuando todos se ponían de acuerdo para irse cuando pasaban las horas y el profe no llegaba, al grito de “si nos vamos, nos vamos todos” él siempre se quedaba. Así, sacó las mejores notas, pero nunca se divirtió tirando taquitos.
Era el gafo de la clase pues.
¿Te imaginas al gafo de la clase dándole una cachetada, en público, al más grande del salón, al peleón, al mala conducta? Bueno. Eso fue lo que pasó en Miraflores cuando Capriles habló. Le dio una cachetada a Diosdado, en público.
Capriles, cuando sus compañeros de generación dijeron “¡Nos vamos pa la calle todos!” en vez de irse, se quedó en el salón. Luego, fue y le dijo al director Aveledo “profe, esos muchachos se fueron pa la calle, pero mire, mire…yo me quede aquí”. El Director llamó a los representantes, iban a botar a todo el salón menos a él. Y en medio de toda la reunión de representantes, sale Capriles y dice: “Un momento, director. No bote a nadie. Tampoco así”. Cuando todos lo daban por gafo, tomó la palabra, cacheteando a Diosdado (“Miranda te recuerda bien a ti Diosdado”), ninguneando a Jaua (“¿Este señor esta aquí como Canciller, como Protector de Miranda, como Presidente de Corpomiranda o como qué?”) y dijo:
“Yo le dije a Nicolás que había que hacer una auditoría de las elecciones. Tu última palabra fue ‘yo lo voy a consultar y nosotros le avisamos’. Después saliste tú en una cadena y dijiste que yo te propuse un pacto y tú no aceptabas pactos. Queramos o no queramos aceptar, la crisis política viene desde allí”.
“Queremos que se resuelva la crisis porque sentimos que esta situación se está agravando tanto que va a desencadenar en algo que no queremos: no queremos ni un golpe ni un estallido social”.
“La realidad de nuestro país es que mataron 25.000 venezolanos el año pasado. Son principalmente pobres. A este país se lo está tragando la violencia, la inseguridad, la criminalidad”.
“En este momento la situación económica del país es grave. La canasta básica está en 10.000 bolívares”.
“Mientras estés en esa silla, tienes una responsabilidad muy grande. Si no quieres estar ahí esa es tu decisión”.
“Me han dicho nazista cuando mis abuelos fueron asesinados en un campo de concentración. Yo dije que venía a Miraflores a decir la verdad y eso he hecho. Finalmente lo que digo: o esto cambia o esto revienta. Espero que esto cambie.”
Claro, cuando el muchacho que nunca habla golpea´o sale con un arranque de estos, normalmente nadie le replica, porque el hecho de que levante la voz ya es un suceso importante. Pero si Capriles tiene razón cuando dice que la crisis política viene desde abril de 2013 cuando le robaron las elecciones, no queda menos que responsabilizarlo también a él por pasar ¡un año! manejando en neutro en una subida, sin pisar el acelerador. Si un año después estalla la violencia generada por la frustración ciudadana de saber que aumentan los problemas y el gobierno que no los resuelve no lo podemos sacar por votos porque se roban las elecciones ¿Quiénes son los responsables? ¿Los que salieron a la calle arriesgándose a la cárcel, a la muerte, a la persecución? ¿O los que se robaron las elecciones y los pendejos que se dejaron robar?
Es muy fácil para Capriles decir que todo el problema empezó en abril del 2013, así como si nada, sin asumir sus propias responsabilidades. Nicolás está ahí sentado en esa silla no porque quiera estar ahí, como él dice. No, Capriles. Está sentado ahí porque hace un año cuando nos robó las elecciones a ti, a mí y a todo el que votó, no salimos a la calle a protestar, sino que nos quedamos en la casa comiendo flores. Esa frustrachera del ciudadano que creía en el voto para salir de un mal gobierno y lo robaron, estuvo un año en plazo fijo ganando intereses. Y en este momento, esos intereses los está cobrando la clase política irresponsable de este país, esa aletargada en la defensa de los dividendos económicos de los poderes fácticos que los mueven. La insurgencia de quienes están en las calles, no es contra el régimen. Es contra toda la clase política que está simulando gobernar o simulando oponerse, porque ambos grupos nos robaron a los venezolanos lo más importante en una democracia que se precie de serlo: elecciones transparentes y respeto a la voluntad popular.
Capriles también es culpable. Y a pesar de serlo, le sacudió el polvo a Diosdado en cadena nacional. Y este, incapaz contumaz, se quedó callado la jeta, porque ¿Qué iba a decir? ¿Qué sí, que te robamos y tu te dejaste robar? No pues.
V
La MUD, con ayuda del gobierno, se lavó la cara ante el país, simulando o actuando de buena fe frente a la visita internacional. Intenta retomar el liderazgo de la oposición que salió a la calle. Decidieron que había que aprovechar una cadena no para dialogar, sino para hablarle al venezolano que aún no entiende que sí hay razones para oponerse al régimen.
Hay que darles el beneficio de la duda, aunque uno no crea en la efectividad de lo que hacen.
Y que conste que mi desconfianza no es con el diálogo sino con los dialogantes. Pero bueno. El tiempo será quien dirá si una cadena de televisión fue la que logró romper las cadenas que atan al país a un régimen asesino y ladrón.
Ojalá que dentro de un año, no estemos otra vez pidiendo la libertad de Leopoldo y Simonovis, el castigo para los asesinos y el cese de la persecución. Ojalá, de verdad, haya valido la pena.

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