Con ciencia

Fernando Núñez Noda
(@nuneznoda en Twitter)
MIAMI (infoCIUDADANO)
24/Noviembre/2013


La ciencia está más del lado del objeto de conocimiento que del sujeto, es descriptiva y desapasionada.

No es ideológica, por lo cual la opinión del científico o sus deseos no influyen en la información que aporta sobre los hechos. Si hay errores en la información y son detectados, la ciencia se autocorrige, de modo que tampoco es dogmática. Acepta una verdad externa así contradiga los deseos o intereses de sus propulsores.  

Ahora, un científico describe con precisión un fenómeno X  pero cómo interprete X es otra cosa. Eso pertenece a una esfera distinta, donde la ciencia se sienta humildemente en el fondo de la sala.

Estrictamente hablando, en la ciencia no hay partidos, ni fracciones respecto a los hechos. Sólo en el terreno de la opinión hay bandos y posiciones (“Para mí ocurrió así…” o “Creo que en dos años ocurrirá asao”). La ciencia describe la realidad en forma neutral, con un lenguaje que excluye las apetencias personales y que no puede ser manipulado sin que termine describiendo un hecho distinto de X. O llamando la atención de terceros que experimentatrán por su lado.

Para bien o para mal, estamos hechos por la ciencia más que por la teología o los códigos morales. La primera necesidad de supervivencia es heurística: techo, fuego, alimentos, agua, cobijo. Cuando la tribu se organiza vienen requerimientos más espirituales. Las capacidades creativas y destructivas han cabalgado sobre un conocimiento sistematizado que pasa de generación en generación.

En otras palabras: las mejores (y peores) prácticas de la humanidad se concretan y preservan gracias a la matematización, a la ingeniería, al puente entre la matemática pura y la dura realidad. Como se dijo, para bien o para mal y lo más interesante, sin necesidad de saberlo.

El fuego generado es una tecnología y se desarrolló al menos medio millón de años antes del lenguaje escrito y las matemáticas formuladas. El fuego físico es ciencia, no magia. Ahora, lo que el concepto de “fuego” expresa o significa es un asunto que puede caer en otras categorías: religión, filosofía, sociología y… política.

Sólo un tratamiento sistemático, transmitible, matematizable aunque no lo sepamos… puede hacer que le ganemos a los felinos salvajes o a los vecinos menos armados. Así ha sido el mundo desde incluso antes de los albores del fuego provocado.

Sin haber formulado las palabras escritas y las cifras, el humano de hace 10o mil años –por ejemplo- ya sabía instintivamente que el conocimiento es poder, un poder real por lo efectivo. Poco a poco, el hueso del australopithecus afarensis pasa a ser arcos y flechas, escudos, cascos, espadas, vainas, uniformes, carruajes, repuestos, mapas…

Eso ha requerido conocimiento y experiencia. Competencias que se conservan o controlan desde el poder. Hay tantos ejemplos de pueblos y ejércitos que derrotaron a otros más grandes y mejor armados por la introducción de estrategias y/o tecnologías. Desde las falanges de Alejandro Magno, pasando por la pólvora y el radar, hasta la bomba atómica, quien ejerce la ciencia en cartografía, forja de armas y teoría de las probabilidades, incrementa sus posibilidades de ganar, aún con menos soldados y pertrechos.

Por ello el conocimiento se ha llegado a condenar, si no pasa por la conveniencia del líder de turno, si no se adapta a dogmas o a estrategias políticas de grupos o países, es decir, si no conviene al poder.

La ciencia se conoce antes de que se llamara ciencia

En el Génesis bíblico Dios es muy claro al prohibirle a la primera pareja comer del árbol de conocimiento. A quienes dicen que les dio libre albdrío cabría preguntar: ¿Qué clase de albedrío es ése? Que el Paraíso recibe dosis controladas de información, parece decir el Hacedor, porque el Edén es un mundo seguro en el cual Dios piensa por usted, Dios resuelve por usted. “Si conoces te rebelas”, así parece haber ocurrido con el mismo Satanás antes de la serpiente, cuando retó a Dios y se llevó medio cielo con él, según el libro de Job.

Prometeo y Sísifo, de la mitología griega, son otros caso patéticos, no por ellos, sino por quienes los  trataron como “personas non grata”. Tengo la teoría muy personal de que mitos como el de Prometeo o Sísifo, fueron formulados por sacerdotes, de la misma forma que el Pentateuco fue escrito por líderes de una nación que planificaban su código moral (y su sostén al poder).

La política, “el arte de lo posible”, al decir de Von Bismark ha explotado esa dualidad del liderazgo de factura científica (armamento, herramientas) con atribuciones místicas. Los faraones y los césares, así como la realeza hasta finales del siglo XVIII en Europa, se creían de linaje divino y actuaban como semidioses. Los pueblos precolombinos vivían teocracias, gobiernos regidos por el precepto religioso tan común en la antiguedad: un rey semidivino y sacerdotes que se encargaban de sus asuntos terrenales. Luego, los funcionarios y el resto de la sociedad.

El éxito político, económico y militar de occidente le debe mucho a la eventual separación del Estado y la iglesia. A un desarrollo de la ciencia en el Renacimiento en adelante, al que siguió una efectiva aplicación en esferas prácticas: el transporte, la salud, las comunicaciones, las ciencias sociales…

Pero los pueblos no pueden deshacerse de la mitología política y en Latinoamérica (acentuadamente en Venezuela) vemos regímenes empecinados en ser sectas. Le quitan el fuego a sus ciudadanos y los hacen meros homínidos que deben sobrevivir las sabanas. No producen ciencia, incluso la resienten.

Prometeo paga el precio, en esta ánfora del siglo 6 aEC, de la colección del Museo Vaticano.

Prometeo le roba el fuego a los dioses y se lo entrega al hombre. Le lleva la ciencia, le abre los ojos. Zeus lo castiga con un tormento horrible: que se repita todos los días el desagradable evento de que un ave se coma su hígado.

Sísifo es castigado por engañar a Hades (la muerte) y otros dioses, con el futil ejercicio de llevar una piedra al tope de una colina para verla caer inmediatamente. Homero no dice porqué castigan a Sísifo, pero hay mucha especulación sobre su papel de difusor de secretos sobre la vida y la muerte a los ignorantes  humanos.

En la Edad Media la ciencia era simplemente herejía y en tiempos más recientes sigue suscitado violentos rechazos de activistas religiosos, como la cruenta disputa por la veracidad de la teoría heliocéntrica de Copérnico con los ajustes de Galileo Galilei (en el siglo XVII). Este sabio italiano, precursor y quizá padre del método científico, al descubrir nuevos planetas y satélites quebraba el orden sacrosanto establecido por la concepción geocéntrica del universo: la tierra como centro de un universo que giraba con un número de cuerpos finito e inmutable.

El Papa Benedicto XIV, que le apreciaba, evitó una muerte segura, pero obligó a Galileo a desdecirse, a buscar subterfugios para que sus descubrimientos se ajustaran a la ortodoxia católica. Famoso (sea cierto o no) fue un supuesto murmullo que dio el genio cuando la corte le obligó a negar que la tierra se movía en el espacio de acuerdo con los principios de Copernico. “Y sin embargo se mueve”.

“Y sin embargo se mueve”. Retrato de Galileo Galilei de Giusto Sustermans.

“Voy preso, pero tengo razón” podría interpretarse eso. Como acto de desagravio, el Papa Juan Pablo II reconoció en 1992 los errores de los teólogos que habían evaluado el caso de este hombre incomparable. Si le hubieran dejado trabajar libremente, quién sabe a dónde hubiera logrado avanzar la ciencia de su época.

Giordano Bruno, otro pensador italiano del siglo XVI, fue quemado en la hoguera por atreverse a afirmar que el sol era una estrella y que en el universo astronómico había planetas que daban cobijo a la vida.

Trató de salvarse diciendo que esa vida era posible por la aparición de Jesucristo en tales planetas pero perdió cuando se consideró que esa presencia extraplanetaria del Cristo implicaba que hubiera otros papas y jerarquías, lo que obviamente enfuereció a los jerarcas del momento. Lo siento Bruno, eso pasa cuando loobligan a uno a mezclar una cosa con otra.

Pero al final la ciencia se impuso y es la que establece los valores veritativos (no las decisiones) en las cortes, en las juntas de producción de bienes y servicios, en las guerras y, muy importante, en los salones de clase. Hace 500 años la autoridad era el Vaticano, ahora es la NASA.

Si el ser humano hace ciencia, ésta se defenderá por sí misma, hará caer las cosas por su propio peso. Necesita menos predicadores. Y ¡vaya que no le han faltado! El fervor de Arquímedes con su ley de pesos parciales; de Sócrates enfrentado a la muerte; el de Galileo en un juicio que sabía perdido.

No obstante, la ciencia y su capacidad predictiva (cada vez más afinada aunque todavía imprecisa) ha ganado terreno por el efecto de demostración, por la evidencia observable. Hay un espacio del mundo donde la ciencia manda, aunque no pueda explicar tal espacio y sus componentes. Con solo describir y operacionalizar físicamente el entorno humano, la sociedad hace todo lo demás.

Paréntesis:

Objetos voladores no confirmados


Un ejemplo de mitologías basadas en la ciencia.

Dignos acólitos de la serie “Expedientes Secretos X”, hay organizaciones y personas que afirman no sólo que el cosmos extraterrestre pulula de vida, sino que somos visitados profusamente, todos los días, por las más variadas formas de vida superiores.

El “incidente de Roswell”, en Nuevo México, EE.UU., en 1947, es acaso el más famoso de una serie de anuncios de avistamientos, encuentros cercanos o accidentes reportados. En la imagen se observa la primera página del diario local que reporta la supuesta caída de una nave espacial en el desierto.

Las explicaciones siempre excluyen la comprobación científica y denuncian una conspiración de los grandes países para ocultar estas verdades al público. Los científicos, sin embargo, no necesitan de una conspiración para descalificar, si no todas, al menos la mayoría de estas afirmaciones.

Roswell Daily Record del 8 de julio de 1947: el incidente que popularizó toda una era de "avistamientos".

Roswell Daily Record del 8 de julio de 1947: el incidente que popularizó toda una era de “avistamientos”.

Para empezar, tabloides como National Enquirer (en EUA) hablan siempre de extraterrestres hechos de protoplasma, de algún tipo de éter energético o habitantes de una dimensión que no puede percibir ningún instrumento científico, a no ser las cámaras desenfocadas (a juzgar por la variedad de manchas que se proclaman platos voladores).

En este sentido, la afirmación de la existencia de estos seres toma un matiz mágico-religioso, similar al de quien afirma que existen ángeles y otros espíritus. Por otro lado, parece ilógico que las grandes organizaciones noticiosas mundiales, hambrientas de “tubazos” periodísticos, con un amplio rango de libertad de acción, no hayan desentrañado esta conspiración de silencio y dado lo que sería la noticia del milenio o, mejor aún, de todos los tiempos.

La ciencia abre puertas

Un cosmólogo, de nombre Frank Drake, formuló hace más de 30 años una ecuación para calcular el número probable de mundos similares al nuestro, tan solo en la Vía Láctea, que podrían al menos comunicarse con nosotros enviando señales electromagnéticas a velocidad-luz. De los cien millardos de estrellas que contiene la galaxia se toman las circundadas por planetas (según la definición actualizada que excluyó a Plutón).

De esa fracción extraemos los planetas que tienen condiciones de habitabilidad para la vida tal como la conocemos: presencia de agua y compuestos de carbono y otros materiales comunes en la Tierra.

Frank Drake con su famosa ecuación. Foto: DPWW.

De esos afortunados habría que separar los planetas que hayan pasado del hueso al cohete. Es decir, testigos de algún tipo de sociedad inteligente y, al final, el residuo de las que pudieron desarrollar telecomunicaciones (o similares) para enviar señales que llegaran a nuestro mundo.

Obviamente, la ecuación funciona si disponemos de datos sobre las galaxias y, en este sentido, el inventario es escaso y disperso. Por ejemplo, sabemos de muy pocas estrellas con sistemas planetarios (551 planetas extrasolares contabilizados hasta mayo de 2011). Y mucho menos de la cantidad que podría albergar vida (apenas un par de docenas).

Carl Sagan (1934-1996), por quien conocí esta fórmula, saca sus propias cuentas y propone que en la Vía Láctea puede haber dos millones de planetas capaces de sostener civilizaciones con algún tipo de avance tecnológico.

Apenas en 2011 se descubrió el planeta “más parecido a la Tierra”. Es decir, dueño de un espectro electromagnético muy similar al que tendría nuestro planeta visto desde allá. Llamado Gliese 581 G, es el cuarto de la estrella Gliese, con cerca de cuatro veces la masa de nuestro planeta, a 20,5 años-luz de distancia. Los científicos afirman que este cuerpo presenta buenas condiciones para sustentar vida. Que la haya es otra cosa.

Falta mucha información para llenar las casillas que hagan la ecuación de Drake más confiable.

Más adentro que afuera

Entrevistado al respecto, Carl Sagan aportó respuestas muy inteligentes. Confeso entusiasta de las posibilidades de vida en otros lares galácticos, indicó que no había evidencias serias de estas visitas. En una época de grandes contracciones en el gasto militar, nada le caería mejor a la industria militar norteamericana (y mundial) que una eventual invasión extraterrestre, que la reactivaría como en los mejores tiempos. De modo que serían los últimos en ocultar un dato tan conveniente. Buen punto.

Interrogado sobre la similitud de las historias contadas por los hombres y mujeres que se dicen secuestrados, Sagan fue tajante: “Alucinaciones, alucinaciones colectivas”. 10% de la población sufre de estos delirios, cuyo parecido reside en el inconsciente colectivo: vemos las mismas películas, compramos el mismo merchandising  ¿es extraño que todas las naves se parezcan a las de Flash Gordon o a los corredores de la Estrella de la Muerte?

Sagan llamó la atención de miles de inescrupulosos analistas, sicólogos y siquiatras que “implantan” pensamientos y conductas en sus pacientes, haciéndolos creer con lugar a pocas dudas de alienígenas e incluso regresiones a múltiples vidas en el pasado.

La sicóloga Susan Clancy, de la Universidad de Harvard, luego de un extensivo estudio de libros, películas y entrevistas con al menos cincuenta supuestos secuestrados por “aliens”, en su libro Cómo la gente llega a creer que fue secuestrado por extraterrestres, califica tales afirmaciones como falsos recuerdos por “una mezcla de propensión a la fantasía, distorsión de la memoria, libretos culturalmente disponibles, alucinaciones oníricas e ignorancia científica”.

Por ejemplo, alguien dice haber sido secuestrado por extraterrestres pero no recuerda detalle específico alguno. Sólo sabe que de repente despertó en una mesa de operaciones y arriba unas luces y todo borroso y unas criaturas… Por hipnosis, no obstante, el sujeto recuerda con sorprendente detalle incluso nombres propios, localizaciones astronómicas y demás precisiones que pueden trazarse en la enorme industria cultural sobre la vida extraterrestre. Sólo Discovery y History Channel pueden nutrirnos por días y días seguidos de especulaciones sobre alienígenas contrruyendo pirámides y Con los años, la reconstrucción hecha con piezas ficticias puede ser bastante articulada.

Si la ciencia, digamos, pública no ha avalado la “evidencia”, me declaro escéptico. Los cultores de las leyendas urbanas atribuyen todo tipo de ocultamiento gubernamental y militar. Para mí es una cuestión de falta de evidencias. Más aún, el sustantivo “noticia” se usa con mucha generosidad, porque el único hecho suele ser que alguien dijo algo.

El universo conocido es tan extenso y variado que parece absurdo que no haya otras experiencias vitales, acaso tan diferentes de lo que esperaríamos como es posible. Quizá civilizaciones tan avanzadas que traciendan lo físico o modestas bacterias o virus. ¿Quién sabe?

Por los momentos, seguimos en espera de la gran noticia.

……….Cierre de paréntesis…………………………….

No obstante

Decíamos que la ciencia es precisa y rigurosa, pero estos atributos son paradójicos y, a lo sumo, inlogrables, porque se ejecutan sobre un cuerpo de conocimientos que cambia y que amplía sus regiones de incertidumbre en la medida que cubre otras.

El gran Karl Gustav Jung afirmaba que la “ciencia es el arte de crear ilusiones convenientes, que el necio acepta o disputa, pero de cuyo ingenio goza el estudioso, sin cegarse ante el hecho de que tales ilusiones son otros tantos velos para ocultar las profundas tinieblas de lo insondable.” Supongo que se refiere a certezas convincentes, fuertes socialmente, más que a verdades absolutas.

Porque “la ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda”, al decir de Voltaire. Y no actúa inteligentemente quien se opone al dogmatismo religioso como sustituto de la ciencia pero, a la vez, trata la ciencia con dogmatismo religioso. La ciencia es todo menos absoluta o dogmática, es lo mejor que tenemos para manejar el conocimiento y aplicarlo pero sigue siendo imperfecta, la mayoría de las veces provisional y aproximada.

“En tanto las leyes de la matemática se refieren a la realidad, no son ciertas; en tanto son ciertas, no se refieren a la realidad”, nos dice acaso el más grande científico que ha vivido,  Albert Einstein, para luego afirmar: “Sería posible describir todo científicamente, pero no tendría ningún sentido; carecería de significado el que usted describiera a la sinfonía de Beethoven como una variación de la presión de la onda auditiva.”

También decía el genio despeinado que en cada puerta que la ciencia abría se podía ver a Dios, si se quería. Dado que la ciencia no ha siquiera rasgado la superficie sobre las “causas últimas”, la explicación religiosa sobre preguntas insondables como el origen o el destino serían por el momento tan plausible. Por ejemplo ¿qué hubo antes del Big Bang? Un estado físico sin Dios o un Dios. La capacidad de decidir es cero o ambas. La ciencia gana por lo que ocurre después del Big Bang, pero ni siquiera para predecir a muchos eones desde el presente.

De modo que un científico religioso o, en todo caso, espiritual, no debería ser una contradicción. En cambio, usar la religión como guía política o científica nos han dado años de inquisiciones, fundamentalismos, juicios a Galileo, heliocentrismos, y ha contribuido a supremacías raciales o de género, burkas y un largo y triste etcétera.

Diseño inteligente vs Pastafarismo

“Saquen su libro de texto para nuestro próximo tema”. En el pizarrón: “Diseño inteligente”. Caricatura de Gary Markstein.

Fíjese lo que ha ocurrido en las asignaturas de biología e Historia Natural en las escuelas primarias. La evolución y los fósiles sacaron algunos tornillos a las bases creacionistas ya desde el siglo XIX, pero la lucha social porque la tesis creacionista siguiese oficial fue muy intensa. La de la ciencia no, no es militante, ni fanática. La otra sí, porque tiene un alto componente emotivo, de fe.

Al no poder siquiera mantenerla en el pensum, los creacionistas reclamaron igual estatus, sobre todo en el epicentro de esta batalla: los Estados Unidos. “Ok, pongan la evolución, pero también la creación”. A principios y mediados del siglo XX esta pugna incluso dio victorias a los religiosos del sur, quienes mantuvieron la presencia del dogma en las tareas escolares. Fue entonces en la segunda mitad del siglo XX cuando las cortes de justicia dictaminaron que propuestas como el Diseño Inteligente no podían habitar el programa educativo porque no eran científicas.

Si usted ve mi perfil en Facebook notará que he puesto bajo religión: “Pastafarismo”. ¿Enloquecí, me uní a alguna secta rastafari que adereza sus ceremonias con “ganja” o soy adepto a la pasta al dente? No, nada de eso. El Pastafarismo es uno de esos sarcasmos geniales, en este caso, como respuesta al Diseño Inteligente y propuestas similares. Dejemos que la Wikipedia nos ilumine (sin necesidad de ganja, tranquilos):

El pastafarismo, o también religión del Monstruo de Espagueti Volador (MEV) (del idioma inglés: Flying Spaghetti Monster (FSM)), neologismo derivado de pasta (espagueti) y rastafarismo, es una religión paródica,surgida como protesta social en los Estados Unidos de América para denunciar y oponerse a la difusión de la hipótesis del diseño inteligente, impulsada por sectores políticos y religiosos conservadores durante los mandatos del Presidente George W. Bush, y a las corrientes de opinión que pretendían su equiparación con teorías aceptadas por la comunidad científica como la de la evolución biológica.

Los principios del pastafarismo fueron ideados por Bobby Henderson, licenciado en física de la Universidad Estatal de Oregón, para protestar por la decisión del Consejo de Educación del Estado de Kansas (Kansas State Board of Education) adoptada a finales de 2005, de permitir la enseñanza del diseño inteligente en las escuelas públicas como alternativa de la teoría de la evolución. Esta decisión fue finalmente revocada en agosto de 2006. Al igual que el movimiento a favor del diseño inteligente, el ideario de Henderson emplea referencias ambiguas a un denominado “Diseñador Inteligente” no especificado, con el fin de evitar los mandatos judiciales que prohíben la enseñanza de la religión y el creacionismo en las clases de ciencia de los centros educativos estadounidenses.

Popular afiche del Pastafarismo que muestra en encuentro de Adán con el Espagueti Volador que todo lo creó. Fuente: web oficial del Pastafarismo.

El argumento cosmológico del MEV (sigo con Wikipedia, que cita la web de Henderson):

  • Premisa 1: la existencia de todo lo que comienza a existir tiene una causa.
  • Premisa 2: el universo comenzó a existir.
  • Conclusión 1: por lo tanto la existencia del universo tiene una causa.
  • Premisa 3: como no hay una explicación científica que pueda elucidar la causa del origen del universo, esta causa debe ser sobrenatural, o sea el universo fue creado por un dios.
  • Conclusión 2: por lo tanto, un dios existe.
  • Premisa 4: los dioses siempre han creado a los humanos a su propia imagen y semejanza.
  • Premisa 5: el cerebro de los humanos parece una fuente de espaguetis.
  • Conclusión 3: por lo tanto, el Monstruo de Espagueti Volador es el único Dios verdadero.

Lo que hizo Henderson fue aplicar un cuerpo de sólidas premisas lógicas, en este caso, “seres más grandes que otros”, a un conjunto de postulados inconexos, arbitrarios, pero que suenan perfectamente bajo la ilusión de las palabras bien formuladas y concatenadas. Es una ficción ayudando a una entelequia. Como ficción es excelente, ahora ¿cómo religión? Así de absurdo ve el científico al religioso y viceversa. Otros somos respetuosos y curiosos por postulados de cualquier creencia. Pero hay gente que ve en los religiosos a seres poseidos por una especie de alucinación.

Si quieren ver lo que sigue y pensar seriamente en una conversión que involucre greñas cósmicas de trigo durum, lea aquí la entrada en Wikipedia o uno de los sitios web de la iglesia de los Pastafaris.

Lo más cercano a la verdad social

Y así cambió totalmente el criterio de validación: no es ciencia vs religión. Están cada una en su respectivo lugar. Pero la sociedad moderna es laica. Su sistema de verdad social gira alrededor de la ciencia. El Vaticano ha aceptado que su querella contra Galileo fue injusta. Ha reconocido que las teorías de la relatividad y del Big Bang tienen un poderoso soporte fáctico y que “no contradicen las Escrituras”, o la interpretación que el catolicismo ha hecho de ellas. El cristianismo en general ha tomado el mismo camino. No ha claudicado, simplemente entiende que sus postulados viven en otra esfera de la realidad (“Mi reino no es parte de este mundo” aclaraba Cristo).

El hinduismo, el budismo, están más allá de los afanes políticos desde hace siglos.

Opino que la ciencia y la tecnología funcionan en una esfera práctica y social, mientras que la religión en una individual. Respeto las instituciones, los cultos y los libros sagrados… pero ejerzo la religión y espiritualidad como un enfrentamiento personal al asunto de la divinidad, la vida, la trascendencia, etc. Decía Hermann Hesse: “No puedo vivir un día sin religión, pero he pasado muchos años sin iglesia”.

Inmiscuir la religión en la política o en el funcionamiento, digamos, “empírico” de la sociedad es algo a lo que, personalmente, me opongo. Pero pensar y sentir libremente la religión o el misticismo o la espiritualidad, me parecen privilegios personales.

De resto, la ciencia es mi método favorito para dirimir controversias (aunque a veces no se pueda) e incluso para ejercer el periodismo, lo cual por cierto, siempre debería poderse.
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122 Responses to "Con ciencia"

  1. ada martin says:

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  12. Desayunando y leyendo "A ciencia incierta" http://t.co/wbJon6XQ de @nuneznoda mi mente vuela del Paraiso a Grecia y a mundos por descubrir

  13. La ciencia es la atrevida. Y la ignorancia su motor RT @infoCIUDADANO: A ciencia incierta http://t.co/HdEWLuxn por @nuneznoda

  14. Gracias. Hay que leerlo! "@nuneznoda: Para quienes no lo han leído: "A ciencia incierta" http://t.co/EfqJYDiu"

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