ENSAYO
Fernando Núñez Noda
(@nuneznoda en Twitter)
MIAMI (infoCIUDADANO)
19/Agosto/2012
Como las verdades individuales difieren tanto de las sociales, cada ser humano termina siendo un componente del inconsciente colectivo, una percepción para los demás y, por ende, una especie de mito.
Cada persona vive su vida como quiere pero su porvenir en la mente de los demás a veces ni siquiera se asemeja a lo que fue y, menos, a lo que hubiera querido que fuese.
Ciertos individuos, como Wolfgang Goethe, pensaron esto y trataron de preparar ellos mismos su imagen póstuma, su legado, su propio mito hecho colectivo. La Inmortalidad (1991), novela de Milan Kundera, refiere que hay quienes trabajan arduamente para aclarar cosas desde ya, acumular evidencias físicas, documentar los propios pensamientos… todo por un legado, algo que dejar a la mente indescriptible del mañana.
Goethe fue uno y Beethoven otro. Según la novela del checo una rivalidad entre ellos los llevó a interferir, en forma sutil, en la “inmortalidad” del otro… con consecuencias que sólo el lector puede concluir. El caso es que ambos, y muchos, han querido modelar su imagen futura (o creer modelarla) de acuerdo con su mitología personal.
La “mitología personal” tiene algo que ver con la museología, es decir, el investigar, curar y exhibir piezas selectas de la cultura para que sean apreciadas socialmente. El mito es la historia personal (la museología personal), tal cual querríamos que expresara nuestro universo. Es un ejercicio inconsciente de recreación, construida a sabiendas o no.
Uno va a muchos museos a conocer personas, no sólo obras. Sus uniformes, sus objetos personales, sus hebras de cabello. La megalomanía de unos o la adulación de otros reúne pertenencias de los líderes o gobernantes mientras están vivos: escritos, fotografías, cabos de tabaco, incluso banalidades como servilletas con marcas de pintura labial. ¿El objetivo? Preparar una exhibición futura.
Partes de La Inmortalidad se refieren, en cierta forma, a hacernos una museología propia. La cuidadosa construcción de una imagen posterior, de una identidad-en-los-otros cuando seamos nada. Esto es fascinante porque revela una exquisitez del egoísmo o del ego a secas: la precaria fabricación de una trascendencia o, al menos, de un comienzo.
A ésta se le suele llamar la “inmortalidad personal”, que vive en otros así su protagonista ya no esté entre los vivos.
Consideraciones
Físicamente, la medicina ha sido un (tímido aún) acercamiento a la inmortalidad, por medio de la prolongación de la vida (y la esperanza de vida misma, que ha pasado de escasos 30 años en épocas prehistoricas hasta más de 80 en países como Japón). La medicina, la biología y ciencias conexas registran y sistematizan conocimientos sobre el cuerpo humano y sus relaciones con el ambiente.
Se generan instrumentos, medicinas y regímenes que mejoran cada vez más el rendimiento de nuestra infraestructura frente a los embates del tiempo. ¿Nos hará eso inmortales? Algunos científicos afirman que sí, en algún momento de este siglo o el siguiente. Otros se pronuncian, más bien, por una sustancial prolongación de la vida, que puede superar las centenas de años.
Otro grupo señala que el cuerpo humano tendría que evolucionar miles de años para adquirir esas capacidades, pero cifran esperanzas en la cibernética y en el desarrollo de “cyborgs”, es decir, humanos con componentes artificiales de altísima tecnología que compensen, sustituyan o repotencien la evolución del homo sapiens (que alcanza +4 millones de años desde los primeros primates bípedos).
La religión y la filosofía han interpretado la inmortalidad desde muchos ángulos. En la epopeya asiria de Gilgamesh, de 4.000 años de antigüedad, el guerrero homónimo busca la inmortalidad tratando de intuir la voluntad de los dioses, envuelto en innumerables aventuras.
Los antiguos faraones la cultivaron, la vislumbraron y vaya que armaron su propia museología (con libro de ruta y demás). En la América precolombina tampoco fueron extraños los mapas de ultratumba para Incas y Mayas. No sabemos si algunos llegaron a la Casa de Ra o a las cuevas del Dios L, pero ciertamente muchos aterrizaron en museos de El Cairo, París o Caracas.
Y tantos otros, poderosos o no, se refugiaron en la religión para alcanzar la vida eterna. Para el cristianismo, por ejemplo, la inmortalidad no es privilegio de los poderosos sino una recompensa que Dios le otorga a cualquier humano por su fe y adoración al creador, a su Hijo y a su credo. “Quien crea en mí vivirá para siempre”, dice Cristo en el Evangelio de Juan.
Nietzsche hablaba del “eterno retorno”, una teoría indostáncia que predice que, en su eterno ciclo de destrucción y recreación, el universo tarde o temprano volverá a repetir el ciclo actual, de modo que en intermitencia, cada quien vivirá por siempre de la misma forma. Incluso sin saberlo. La reencarnación de las religiones hinduístas ve la inmortalidad como un reciclaje en la forma de vida, que mejora o degrada, pero continuo en un perpetuo cambio.
Ludwig Wittgenstein, el sabio vienés del Tratado Lógico-Filosófico, apela a la esfera psicológica: “Si la eternidad significa, no la duración infinita temporal, sino la ausencia de tiempo, entonces la vida eterna pertenece a aquellos que viven en el presente”.
Podríamos llamarla “la eternidad del instante”.
Tres frases:
• “La reflexión es el camino hacia la inmortalidad (nirvana); la falta de reflexión, el camino hacia la muerte.” Buda
• “Desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un gran error.” Arthur Schopenhauer
• “La manera de ser inmortal es morir todos los días.” Thomas Browne
La inmortalidad obligada
Si hay quienes lo considerarían un privilegio, examinemos leyendas y creencias que presentan el no-morir como un castigo o como un don que se transforma en tormento. “Tengo miedo de no morir”, advertía el inefable Borges. “No quieres inmortalidad porque lo dudas, sino porque la temes”, afirmaba por su parte el gran Francisco De Quevedo.
A Caín Dios lo castigó de muchas formas, una: vagar por el mundo. Otra: construir la primera ciudad. La leyenda dice que Dios lo mantuvo vivo, condenado a deambular per sécula seculorum.
De allí derivan arquetipos como el del judío errante, que muchos folcloristas relacionan con el atormentado vástago de la primera pareja. En otra versión Cartaphylus (ése era su nombre) se burla de Cristo camino a la cruz y es condenado a recorrer el mundo, sin objetivo concreto.
Borges (siempre Borges) le da al personaje un giro insuperable en “El inmortal”, un relato del libro Ficciones (1941). (Advertencia: se hacen menciones del desenlace del cuento). Un centurión romano se pierde en el desierto. Al borde de la muerte halla un riachuelo, bebe de sus aguas. Era el famoso río que, según Homero, otorga la inmortalidad.
Al lado de la corriente se yergue la imponente pero abandonada Ciudad de los Inmortales y observa que está rodeada de trogloditas que vagan en la inmensidad de arena, una raza que come serpientes crudas y desconoce (o ha olvidado) el lenguaje. Un troglodita en especial sigue al héroe del relato como un perro y éste le pone por nombre Argos, el can de Ulises en La Odisea.
Al final, para sorpresa del oficial romano y sacudida del lector, los trogloditas son los inmortales, quienes hastiados de su condición, abandonan la magnífica ciudad y se tumban en las arenas del desierto a hacer nada, sin expectativas, sin maravillas. Uno tenía una barba de varias décadas, otro no se había movido en años. Y para ponerle la tapa al frasco, Argos, el troglodita que se adhirió al protagonista como un perro es nada más y nada menos que el mismísimo Homero.
Luego de deambular por edades medias y modernas, parece que Joseph Cartaphylus murió hacia finales del siglo XIX, dejando un manuscrito que Borges transcribe. Versiones del errante, si no Caín, al menos de su estirpe.
Más conocida es la epopeya de los vampiros y su “superestrella”, Drácula. Maldito por Dios, el antiguo guerrero balcánico no moría, pero tampoco tenía una vida muy libre que digamos: el suelo húmedo de Transilvania le era indispensable, así como la protectora oscuridad de la noche o la vitalida de la sangre ajena. En la mitología hollywoodense incluso rechazaba enérgicamente cruces y ristas de ajo, que para entonces estarían en cada esquina.
En la película El día de la marmota (1993), el protagonista prueba una muestra de inmortalidad tortuosa, se suicida de múltiples formas y siempre amanece vivo al día siguiente, sin un rasguño.
Los budistas ven un ciclo eterno de vida-muerte pero no como premio, sino producto de no lograr el Nirvana, de no aprender, lo cual nos obliga a empezar de nuevo el ascenso-descenso. De larva a campeón olímpico, de cocodrilo a Gary Kasparov y luego a bacteria de nuevo…
La mitología griega castiga la insolencia de Sísifo con un eterno e inútil ciclo de energía potencial y cinética. Sube la piedra, suelta la piedra. Sin fin.
Y los cristianos, ya sabemos, le dan a los pecadores una eternidad de martirios en las pailas ardientes del Averno.
Así, amigos, entiendo que muchos se queden con la modesta pero predecible mortalidad de los agnósticos…
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POSTDATA
Inauguro la incorporación de comentarios interesantes al ensayo, una forma 2.0 de enriquecer lo que, de otra forma, hubiera sido unívoco:
De Carlos Elio Mora (@carloselio):
Disfruté el paseo por veredas de ciencia, literatura, historia, y mitología. Me detuve un rato en los trogloditas de Borges. ¡Hay tanto material en ese cuento! Saltaron dos relatos que tratan el mismo tema. Te los cuento.
El primero es un capítulo de La “Dimensión Desconocida” donde el ladrón está en medio de un tiroteo y pierde el conocimiento cuando recibe una ráfaga. Despierta en un hospital rodeado de lindas enfermeras y se alegra que haya sobrevivido. Tiene un asistente. Lo atienden bien y le complacen cualquier deseo. Quiere salir del hospital y sale. Quiere un carro último modelo y lo tiene. Quiere cenar haute cuisine y tomar champaña y lo tiene. Todo es tan extraño que el tipo entiende que no es la vida normal, que murió. Confirma con el asistente que está muerto y ahora vive en el más allá. Sorprendido de su buena suerte, le dice al asistente que se equivocaron, que él no debería estar en el paraíso, que debería estar “en el otro sitio.” El asistente estalla en carcajadas y le dice sombriamene: “Este es el otro sitio”
El segundo relato es la cita de Kant en “La Crítica a la Razón Pura”. Enfrentando a los filósofos del Enlightment, dice Kant: “Sintiendo la resistencia del aire en sus alas, la paloma pensaría que en el vacío su vuelo sería perfecto.”
Y esos dos relatos más tu historia me llevan a dos observaciones contemporaneas. La primera es las olimpíadas, donde tantos atletas dedican buena parte de su joven vida a vencer “la resistencia del aire” de sus deportes. Lo que honramos con medallas y celebraciones y comentarios en los medios sociales es la brega de esos atletas.
La segunda observación es la dimensión moral de un gobierno que quiere ser como el asistente del episodio de la Dimensión Desconocida. Regalar a la gente dádivas. Darles casas bien equipadas, becas, pensiones y ayudas para domencias de salud.
Y vi a un gobierno que quiere que las palomas vuelen en el vacío, hacer a los ciudadanos trogloditas en el infierno del socialismo paternalista.
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ILUSTRACIONES: Lúdico para infoCIUDADANO.
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buenos temas para pensar en una tarde de domingo! Inmortalidad http://t.co/CuwqTRp4 Viaje en el tiempo http://t.co/HBzBs0VD por @nuneznoda
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Qué placer! Se disfruta leerte @nuneznoda. Te quiero!: http://t.co/2vkfoiOV
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Me complace la postdata en Inmortalidad http://t.co/ejxLv10D RT @nuneznoda: @carloselio Comentario-ensayo incorporado al ensayo.
Me gustó, especialmente lo de la eternidad del instante
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RT @nuneznoda: RT @Tuguayana: El tiempo del cuerpo se llama edad, el del alma…eternidad RT @nuneznoda: "Inmortalidad" http://t.co/lNojd5MN
museología personal = "ejercicio inconsciente de recreación, construida a sabiendas o no" Por @nuneznoda http://t.co/7SZI5j4M @infoCIUDADANO
(buen concepto el de “mitología personal”) RT @nuneznoda: "Inmortalidad…" http://t.co/h7Tknmft
Me gustó, especialmente lo de la eternidad del instante
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En el infierno se controlan todas las variables http://t.co/I19DADqq RT @mahebo @LuisCarlos: el hecho de no controlar todas las variables
Excelente RT @nuneznoda: "Inmortalidad…" http://t.co/oGe5JBbC @pcastillejoa @mahebo @Amargdangostura @Glencys @Juance_Gomez @santanaelias
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La "museología personal" en su clímax gracias a la virtualidad real,¿no creen? /"Inmortalidad…" Por @nuneznoda http://t.co/lNojd5MN
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“No quieres inmortalidad porque lo dudas, sino porque la temes”, afirmaba el gran Francisco De Quevedo.// @nuneznoda en http://t.co/7SZI5j4M
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Este sería el caso, para ese tránsito, Nuneznoda?
Uno viejo debe pasear perros, cuidar nietos, vivir de recuerdos y purgar pecados. Lo de JVR es insólito http://www.correodelorinoco.gob.ve/nacionales/cmide-50-1-9-millones-300-mil-votos-ganaria-chavez-elecciones-presidenciales/
El tiempo del cuerpo se llama edad, el del alma…eternidad RT @nuneznoda: "Inmortalidad…" http://t.co/P8aouPsy
Magnífico texto, como es costumbre. Te gustará esto, @mlossada —? RT @nuneznoda: "Inmortalidad…" http://t.co/ubvbwIMm
"Inmortalidad: te quiero, no te quiero…" d @nuneznoda es una clase sobre la vida en medio d un paseo x la literatura http://t.co/1hQIpfJA
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Los protones que hay en tu cuerpo existen desde el principio del universo. RT @nuneznoda: "Inmortalidad…" http://t.co/ejxLv10D
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Recomendado @nuneznoda: "Inmortalidad…" http://t.co/cp0mQy8v
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Immortalilty: to live in the lips of men; so thought the Greeks RT @nuneznoda: "Inmortalidad…" http://t.co/ejxLv10D
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