El silencio del placer

Beriozka Urbina
(@XVeryBeri en Twitter)
CARACAS (infoCIUDADANO)
05/Julio/2012

Una buena parte de la vida consiste en la necesidad de sentir placer en todo lo que se hace: miramos atrás, recordamos los momentos muy placenteros y aquellos que no lo fueron en absoluto. Placer, placer, placer, bendita palabra que sólo procede de la explicación interna que le damos, justificada en nuestros más profundos deseos, que debería excluir al menos para respetar su naturaleza propia, cualquier elemento relacionado con la sociedad y con la personalidad de otros.

Más bien el placer debe ser una oportunidad que nos ofrecemos para conocernos mejor, para escalar en nuestra emociones y llegar a producir una reacción que nos permita saber de nuestros deleites.

Las contradicciones originales que padecemos nos hace confundir, por ello es precioso iluminarnos: colocarnos una serie de espejos a lo largo y ancho de nuestro ser y esperar, ¡sí, esperar! Esperar que después de largos paseos en solitario cuando pasemos de nuestra actitud frágil e impresionable, lleguemos a nuestro vacío oscuro donde la verdad lo irradiará y sabremos. Menudo trabajo que a veces sólo se logra separándonos de ciertas personas y lugares, más bien en llegar sin explicar, sin mirar, sin fingir que no importa más nada, sólo la propia creación.

Somos verdugo y víctima, desde la adolescencia renunciamos a las miradas indecentes, a los sueños locos para empezar a ser unos animales sociales devorados por los demás, todos interesados por las mentiras en común, pero éstas nunca nos hablarán de nosotros; maltratados, incomprendidos y escondidos llegan a parecerse más a todos que a nosotros mismos. ¡Tanta generosidad!, que existen unos sin razón aparente pero que no tienen vergüenza en deleitarnos, aunque los saboteamos con la necesidad constante de cuestionarnos, ellos aguerridos no se excusan, y continúan la peripecia vital en todo nuestro ser.

La necesidad de justificarlos ante todos, justificando su existencia misma, vagos intentos, porque a fin de cuentas nadie entiende tan bien de ellos como tú, incluso para algunos son vicios o manías.

Pero llegamos a un punto que queremos destruir nuestra obra, nos quedamos en ese atolladero de mentiras compartidas, placeres comunes y comprometidos, de ese que sólo sale la culpa, que viene una y otra vez cuando lo sentimos en algo que no es tan…virtuoso.

Sin duda los placeres no son para compartirlos, son para dejarlos existir y luego después de infinitas degustadas, después de vivir al máximo nuestro desorden mental, disimularlos y presentarlos en sociedad, donde quizá serán desparramados, vistos bajo la luz parcial, sin acabar, imperfectos, jamás desnudos, juzgados con silencios o comentarios convertidos en materia de infinitos recursos en nuestra contra, múltiples de innumerables estudios, transformándolos en una losa, que uno se acaba preguntando: ¿qué hice?

Jamás se hubiera imaginado nadie que por decir lo que nos deleita íbamos a causar un desastre semejante, y que después trataríamos de escondernos de la mirada ajena. Pero esa indiscreción que entregamos a los demás, nos costó la gloria.

Desamparados, al develarlos pasamos por algunas pesadillas, de esas pesadillas que no recuerdas nunca al despertar, pero que por alguna mágica situación te inquietan y terminas en esa oscuridad onírica.

Para encontrarlo no debe haber preámbulos ni preparaciones, el argumento debe ser breve, tan sólo la situación donde se materializa el estado de máximo bienestar, es más, deberíamos renunciar a esa frigidez mental de argumentar todo.

Como el sentimiento de incapacidad y de culpa perenne, la traición a nuestros placeres no perdona, es un estado crónico que llega a refutar todos nuestros actos. Ahora bien, lo que pasa no es accidental, está incorporado al mismísimo sentido común, ni siquiera propio sino social, el mismo que lo mutiló. Coincide con la representación de la sociedad que hospedamos en nuestra mente, esa misma que nos hace inestables e incomprensibles y nos impide llegar a nuestra plenitud extrema, esa que se divorcia de nosotros y declara imposibilidad de convivencia común.

Aquí lo importante no es la historia ni el novelón sino las situaciones que nos producen placer, el estado de ánimo que nos plasma y que luego nos define, sin análisis, sin descripciones minuciosas, sin preguntas exhaustivas, sin respuestas comprometidas, sin miradas obligadas, sin coherencia fingida, sin reflejarnos de lo negativo que nos obligamos a aprender para paralizarnos por las posibilidades, bajo la amenaza de la condena cierta e ineludible pero que para nuestros placeres no significan nada, y siguen allí morando en nosotros a la espera de esos recorridos en solitario.

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ILUSTRACIÓN: @milagrosblue para infoCIUDADANO.
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8 Responses to "El silencio del placer"

  1. El silencio del placer. De @XVeyBeri http://t.co/fz1DW0gu en @Infociudadano Los placeres no son para compartirlos, son para dejarlos existir

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