El contrato social de la ciencia con la sociedad: notas para un diálogo 2.0

José Álvarez Cornett
(@chegoyo en Twitter)
CARACAS (infoCIUDADANO)
27/Marzo/2012

“… ninguna nación ha hecho progresos de
consecuencias por las armas, por las artes,
agricultura y comercio hasta que se ha
entregado al indispensable cultivo de la ciencia.”

Juan Agustín de la Torre (1750-1804)
Rector de la Universidad de Caracas, 1790-1791

“Para los países menos desarrollados, ciencia significa
esperanza. Esperanza en un futuro mejor en que será
repartido equitativamente entre las naciones el goce de
los bienes de esta tierra.”

Marcel Roche (1920-2003)

“Abrir el dispositivo científico a la mirada,
el debate y el control ciudadano genera
capacidades críticas que los mismos
científicos necesitan para afinar sus
métodos y resultados.”

María Eugenia Esté, autora de
Interacciones e Interfaces.

“Como los organismos biológicos que somos,
estamos sujetos a las leyes de la física y la
biología: como personas con conciencia que
creamos nuestras propias historias, somos
libres para decidir que cosa será esa historia.
Sin ciencia, no tendríamos noción de igualdad;
sin arte, no tendríamos noción de libertad”

W. H. Auden

(1907-1973) (#)

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Ambos, trabajo y diálogo 2.0, están dedicados a ASOVAC en su 62avo Aniversario.
Héroes del fomento de las ciencias en Venezuela.
!Mis aplausos!
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Ciencia y sociedad: debate 2.0 #RSECiencias20

La ciencia, el arte, y la innovación tienen un punto en común, la creatividad del ser humano. Jacob Bronowski, en su libro, ‘Ciencia y los Valores Humanos’, afirma que, “sólo existe una actividad de creación, actividad que se lleva a cabo por igual en las artes y en las ciencias. Sería erróneo pensar que la ciencia no es más que un modo de registrar mecánicamente los hechos, y sería erróneo imaginar que las artes no son sino el resultado de remotas e íntimas fantasías. Lo que da humanidad y universalidad a una y a otras es la impronta de la mente creadora.

Las distinciones que a veces se hacen, y que tienden a poner divisiones o fronteras poco permeables, entre ciencia y arte, ciencia e innovación, o lo que es más común entre ciencias básicas y aplicadas, tienen hoy muy poco sentido. Necesitamos de arte, ciencia, tecnología e innovación para salir adelante en el siglo XXI y para ello necesitamos implementar políticas que fomenten su desarrollo. Con este artículo queremos expresar algunas unas opiniones e ideas con respecto al tema de las ciencias y su relación con la sociedad. Nos anima el deseo de promover un debate 2.0 en las redes sociales sobre este importante asunto.

Las políticas científicas implementan un contrato social con la sociedad y este contrato social de la ciencia con la sociedad se encuentra en crisis tanto en Venezuela como en el mundo. Nuestra ciencia es periférica, esto es, recibe influencias de los desarrollos y las tendencias creadas por los grandes centros de ciencias. Por tanto, vamos a empezar haciendo un recuento de la crisis del contrato social de la ciencia en los Estados Unidos, para luego, comentar brevemente el caso venezolano, y finalizar, con unas palabras sobre la clase de ciencias, y de física, debemos hacer en el país.

Lo expuesto en este artículo es un resumen de un ensayo nuestro más extenso titulado, Ciencia y Sociedad: El Contrato Social, en donde encontrarán más detalles, historias y referencias, muchas de las cuales fueron omitidas al redactar este resumen.

Nuestra intención como dijimos al principio con este artículo es propiciar un debate 2.0 en las redes sociales sobre el tema de la ciencia, tecnología e innovación, énfasis en ciencia, pero sin olvidar su vinculación con la tecnología y la innovación, y de la responsabilidad social y ética de la actividad científica, para ello proponemos que se utilice el hashtag #RSECiencias20 .

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El contrato social de la ciencia: Estados Unidos

Antes de la II Guerra Mundial, las universidades recibían muy poco financiamiento del estado para hacer investigación básica. Las investigaciones se hacía con recursos propios, financiamiento privado de la industria o fundaciones privadas, o incluso, y con frecuencia, con fondos provenientes de los bolsillos de los propios investigadores. Terminada la guerra, y vistas las ventajas que obtuvieron los aliados mediante la aplicación de la ciencia para el desarrollo de tecnologías defensivas (radar), operacionales (investigación de operaciones), y ofensivas (bomba atómica), y reconociendo los éxitos médicos de un descubrimiento como la penicilina, quedo refrendado un contrato social tácito entre la ciencia y la sociedad, el cual reconocía las bondades generales de la inversión en ciencias básicas. Pero, esto no era suficiente, se necesitaba de un buen argumento, o un modelo, que le permitiera a los políticos financiar las investigaciones en ciencia fundamental en tiempos de relativa paz, aunque de competencia con el bloque soviético por la supremacía en el espacio y en el planeta Tierra.

Las ideas para justificar el financiamiento del estado a las ciencias básicas vino de la mente de una persona como, Vannevar Bush (autor de Science-The Endless Frontier), entre otros, quienes ayudaron a sentar las bases para un contrato social en donde se consagra la idea de que existe una relación lineal entre la investigación básica y los beneficios sociales que recibe la sociedad por la inversión del estado en la investigación básica.

El modelo es como sigue:

Investigación Básica-> Reservorio Resultados de Investigación Básica->Investigación Aplicada -> Desarrollo -> Productos (Difusión en Sociedad y Mercados).

y estipula que la sociedad, a través del gobierno, financie a la ciencia, y le otorgue autonomía para decidir en que proyectos invertir, y en como evaluar la calidad de los resultados, porque, y ésta es la premisa fundamental, los avances en la ciencia inevitablemente se traducen en beneficios para la sociedad. Este modelo lineal de la difusión de la innovación y de los beneficios de la investigación es en verdad una construcción histórica que se desarrolló en varias etapas, con la participación de industrialistas, científicos, consultores, escuelas de negocios y economistas (ver B. Godin, referencia en inglés).

Bajo este modelo -válido o no-, la investigación básica en los Estados Unidos ha sido financiada por varias décadas. Pero este modelo, sin embargo, es una caricatura de cómo en realidad se va de la ciencia básica a la sociedad por medio de la innovación científico-tecnológica y las novedosas soluciones y productos, esto es, de los beneficios. En primer lugar, es obvio que la vía no es unidireccional (un ejemplo, la termodinámica le debe mucho más a la máquina de vapor, que lo que la máquina de vapor le debe a la termodinámica), y, en segundo lugar, la dinámica de la interacción no es lineal sino mucho más compleja.

Conflicto y crisis

Nótese además que este modelo marco de política científica excluye a las preocupaciones y necesidades de la sociedad como condicionantes de las prioridades y tipos de investigación básica que financia el estado, lo cual implica una contradicción, ya que por otro lado, todo el gasto público en los Estados Unidos, incluyendo a la inversión en la ciencia, está sujeto a control político, a normas de transparencia que incluyen mecanismos para decidir el uso efectivo de los recursos públicos que requieren saber que proyectos convienen financiar en razón de los beneficios que estos traen a la sociedad. El modelo entonces tiene dos problemas: (a) la conexión directa con los beneficios es débil, ya que el modelo concede que estos beneficios no son a priori cuantificables, y (b) niega la tensión existente entre ciencia y democracia.

Mientras existieron abundantes recursos económicos, y los Estados Unidos competían con la Unión Soviética por la supremacía global este modelo funcionó bastante bien. Pero, terminada la guerra fría, y con los vaivenes económicos globales, los recursos económicos para la ciencia, se estancaron o disminuyeron, y al no haber, suficiente dinero para financiar toda la ciencia que los científicos quieren hacer, la sociedad norteamericana comenzó a exigirle a sus políticos y científicos una mayor transparencia en el uso de los recursos del estado y mejores beneficios por la inversión del estado en la investigación científica. El contrato social de la ciencia con la sociedad entra en crisis. Adicionalmente, los problemas globales (económicos, cambio climático, energéticos, salud—piensen en las epidemias gobales como SARS etc) exigen que la comunidad científica ponga mayor atención a estos temas. La sociedad civil norteamericana quiere ahora influir y participar en las decisiones sobre el tipo de ciencia que debe financiar el estado, hecho que implica una cierta pérdida de autonomía por parte la comunidad científica.

A grandes rasgos, este es el origen del conflicto. Quien escribe no tiene conocimiento sobre la existencia de un nuevo contrato social de la ciencia con la sociedad en los Estados Unidos que sustituya al modelo lineal, el cual se sigue utilizando en el siglo XXI como justificación para el financiamiento de la ciencia. Aunque la controversia continúa con otros matices: hoy día, los Estados Unidos están perdiendo su dominio mundial en la producción científica, y, por ello, quieren construir un nuevo modelo que se apalanque en las investigaciones en ciencia que se realizan en el mundo mediante una particpación más activa en redes científicas internacionales. Esto último es también una necesidad actual dada la complejidad de problemas globales como el cambio climático, o de los costos de algunos proyectos como, por ejemplo, ITER para la fusión nuclear y el ya conocido Gran Colimador de Hadrones.

Venezuela y el contrato social de la ciencia

La ciencia en Venezuela es de implantación muy tardía, iniciada realmente en los años cincuenta, con su implantación en la estructura universitaria por los esfuerzos de decenas venezolanos, muchos de ellos reunidos en la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (ASOVAC), otros fuera de ella, como Humberto Fernandez Morán (fundador del Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales-IVNIC-hoy, Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas-IVIC- desde 1959). Nos estamos referiendo a personas como Francisco de Venanzi, Marcel Roche, Tobías Lasser, y del, físico argentino-venezolano, Manuel Bemporad, entre muchos otros.

Un dato interesante de confluencia de sinergias entre el mundo de las matemáticas y las ciencias con el mundo empresarial surge a principios de los años 50s, cuando la industria petrolera extranjera trae las TICs más avanzadas posibles de la época y el sector bancario también lo hace, y demandan profesionales de la ciencia de computación que en ese momento no se producían en el país, luego, con la participación de la Facultad de Ciencias, se comienzan a generar estos profesionales. Los efectos emergentes de esta interacción son de largo plazo, queremos decir, duraderos en el tiempo. En opinión, del matemático y emprendedor, Lorenzo Lara, “una alianza dinámica, propiciada por el mercado, entre la industria petrolera, el sector bancario y la academia venezolana, produce fortalezas en la industria del software y las TICs en Venezuela.” Para información sobre el cluster venezolano de software consultar la publicación, Software venezolano de calidad internacional.

En este caso, la labor de la academia mencionada por Lorenzo Lara, tiene un nombre y apellido: el físico, Manuel Bemporad. Bemporad fue sin duda otro líder importante de la organización de la ciencia venezolana, y, en particular, de la fundación de los estudios de computación. Los estudios de computación en Venezuela le deben mucho a la nación Argentina, porque varios de los miembros del Centro de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, personajes importantes como Oscar Varsavsky y Carlos Domingo, emigraron o vinieron a Venezuela por temporadas largas, y crearon la semilla de estos estudios de computación en el Departamento de Cálculo Numérico (1960) en la Escuela de Física y Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Una entidad departamental que evolucionó hasta llegar a convertirse en el Departamento de Computación (1967) de la escuela, que ahora llevaba el nombre de Escuela de Física, Matemáticas y Computación, y, en 1968, desde este departamento se comienza a dictar, por primera vez en el país, una Licenciatura de Computación. Varsavsky y Domingo estaban también interesados en la aplicación de la computación a problemas en economía y sociología, y, luego, ellos fueron instrumentales en la fundación del CENDES, en la UCV, pero eso es ya otra historia que aquí no contaremos.

Lo cierto del caso es que, terminada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, ya en democracia, la ciencia comienza a desarrollarse en el país, financiada por el estado, bajo un contrato social muy similar al modelo lineal ariba mencionado, Yajaira Freites, en La ciencia venezolana en la transición: hacia un nuevo contrato social, lo dice con estas palabras: El contrato entre la elite científica y el Estado era que la ciencia era un terreno que era regido por los científicos y sus reglas; el Estado debía financiar la ciencia, y a cambio los investigadores producirían conocimientos, algunas tecnologías. En ese trato, el Estado, o al menos los políticos ….no exigió utilidades, rentabilidad de otra índole; a lo sumo se conformó que los científicos rindieran cuentas de los gastos y presentaran sus logros tal como ellos los conceptualizaban….

Nuestra crisis del contrato social de las ciencias con la sociedad

El contrato social de la ciencia con la sociedad venezolana entra en crisis a mitad de los años ochenta como una repercución, sin duda, del funesto viernes negro. Yajaira Freites, en La ciencia venezolana en la transición: hacia un nuevo contrato social, nos explica las razones de la crisis de los acuerdos tácitos entre la élite científica y el estado:

(a) La crisis del modelo de desarrollo: “Cuando la crisis económica empezara en los ochenta, la elite científica,
se hizo conciente de la necesidad de cambios en la naturaleza de las investigaciones científicas, las cuales deberían estar vinculadas a las actividades económicas; sin embargo, la crisis golpeo a la institución científica al desmejorar las condiciones sociales y posibilidades de trabajo de los científicos, dando lugar a problemas de la misma sobrevivencia de la elite, y a hacer difícil el relevo generacional o el inicio de la fuga de talentos en el grupo.

(b) La toma del poder por un nuevo grupo políticoorientando a quitarle a la elite científica el papel central en la
gestión del sector.
” Bajo la administración del Presidente Chávez la élite científica es un grupo vulnerable ya que “tiende a ubicarla como enemigo de la participación popular, por restringir el acceso a la comunidad a quienes no tienen formación científica, o aducir los criterios de la meritocracia y la especialidad en el manejo de las instituciones científicas,” y,

(c) La alta fuga de talentos que afecta en mayor grado a la comunidad científica venezolana. El profesor Iván de la Vega (USB, CEA, Sección Innovación, Tecnología y Emprendimiento) en un estudio realizado cuantificó esta fuga de talento : La estimación de la emigración de venezolanos al 2010 es de unas 800 mil personas y 20 años atrás era inferior a las 50 mil. Se estima que la comunidad científica venezolana que se encuentra en el exterior es superior a los 12 mil investigadores. Ese dato casi duplica al número de investigadores acreditados [6.038 según el PEI, 2008].

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¿Qué clase de ciencias deberíamos hacer?

Si el contrato social está en crisis, ¿qué se debe hacer, qué cosas se tienen que cambiar y que clase de ciencias debemos hacer? ‘La sociedad’, dice Jane Lubchenco, escribiendo como una representante de la ciencia del mundo desarrollado, “espera dos resultados de la inversión en la ciencia. La primera es la producción de la mejor ciencia posible sin importar el área, y la segunda, es la producción de cosas útiles“. Y, más adelante en el texto, continúa diciendo, ‘el contrato debe estar basado en la suposición de que los científicos deben (i) Abocarse a tratar lo problemas más urgentes de la sociedad de acuerdo con su importancia, (ii) Comunicar el conocimiento adquirido tan ampliamente como sea posible para informar la toma de decisiones de individuos e instituciones, (iii) Ejercer buen juicio, y tener sabiduría y humildad.

Según Jane Lubchenco, Yajaira Freites y otros, el nuevo contrato social debe tener en cuenta que vivimos en un solo planeta, el surgimiento de nuevas disciplinas, las nuevas formas y estilos de hacer ciencias, la responsabilidad social y la ética de la ciencia, e incorporar al ciudadano como un actor importante.

(a) Vivimos en un puntito azul pálido, que es el planeta Tierra, el único hogar que conocemos, y que es un sistema que está bajo presión. La preservación del medio ambiente, de la biodiversidad, y la sustentabilidad de nuestra especie están en juego. Yajaira Freites lo dice con estas palabras: “Así que el compromiso de la ciencia, si bien tiene que considerar las necesidades de la sociedad venezolana, no puede eximirse de también contemplar aquellas que nos hacen parte del planeta Tierra.

(b) Nuevas disciplinas: En la interfase entre ciencias y técnicas se están desarrollando nuevas disciplinas con un amplio grado de aplicabilidad, ejemplo: la nanociencia, la bioinformática, la bioingeniería, la econofísica, la sociofísica, la nanofarmacología, y las ciencias de la complejidad. Yajaira Freites se pregunta: “¿Tendremos acceso a las ventajas de esas nuevas tecnologías o debemos depender de la dispar transferencia de los países centrales a los subdesarrollados? ¿No sería conveniente pensar que en nuestro medio también debemos incentivar estas nuevas herramientas, a fin de tener medios con que negociar financiera y socialmente?

(c) RSEC: La responsabilidad social y la ética de la ciencia. El debate ético nos recuerda, Yajaira Freites, debe ser parte del diálogo de los científicos con la sociedad. Pero cómo debatir si muchos de nuestros estudiantes de ciencia no estudian el tema, y la universidad no los entrena. Hoy día, por ejemplo, los físicos egresados de la Escuela de Física, UCV, no reciben entrenamiento en esta área, y la mayoría de sus profesores en su momento tampoco recibieron entrenamiento.

(d) El ciudadano es un actor importante: Debemos lograr una sociedad científicamente culturizada. Hoy, saber solamente leer, escribir, y poder hacer operaciones artiméticas básicas, califican al ciudadano común como un analfabeto tecnocientífico. Es necesario enseñarle ciencias al ciudadano con el objetivo de aumentar el nivel basal de conocimiento en ciencias de la población general hasta un cierto nivel mínimo adecuado (nivel mínimo que aumentará con el tiempo) para que el ciudadano pueda hacer frente a las decisiones individuales y colectivas que deberán tomar en una sociedad tecnocientífica y globalizada, permeada, en casi todos los aspectos de la vida, por temas que requieren de un conocimiento mínimo de ciencia para tomar buenas decisiones. Necesitamos que nuestros abogados, artistas, graduados en letras y humanidades, y, sobre todo, nuestra clase política tengan un nivel adecuado de conocimientos en ciencia y tecnología. La complejidad de los retos, locales y globales, a los que nos enfrentamos hacen que esto sea una imperiosa necesidad. Hoy, no lo estamos haciendo nada bien.

En el mundo desarrollado ya existen iniciativas en marcha que pretenden construir un mundo en donde la participación de los ciudadanos en la ciencia sea tan común como asistir a un juego deportivo. Son programas de Ciencia Ciudadana (Citizen Science) en astronomía, conservación, y biodiversidad, que aquí no podemos detallar. Iniciativas serias que permiten, por ejemplo, que una niña de 10 años, como la canadiense, Kathryn Gray, haga el descubrimiento de una supernova.

Como podrán notar, el tema va mucho más allá de la simple divulgación científica, esto es de científicos divulgando su ciencia, lo cual es evidente que se debe hacer, se trata de hacer que los científicos sean más ciudadanos. Si por un lado se requiere que el ciudadano se acerque cada vez más a las tecnociencias, que conozca sobre el método científico, también requerimos que el científico, no se quede aislado de la sociedad, sentado en la banca de su laboratorio, sino que sea cada vez más ciudadano, y aquí la comunidad científica ha sido un poco renuente a participar con vigor ciudadano, salvo el caso de algunas pocas individualidades. Sin espacio continuar explorarando el tema de la responsabilidad social del científico, los refiero a un artículo del biólogo, Jacques Dubochet: Teaching scientists to be citizens, y al trabajo Academic and social responsibility of scientists.

El impulso, la fuerza motora, para que se logre una culturización en ciencias de la sociedad debe venir de la propia comunidad científica, aunque reconocemos que se requiere alcanzar un consenso entre muchos actores en la interfase ciencia, estado y sociedad, y entre los mismos científicos. Pero mientras no exista consenso, cada científico puede llevar un blog en dos niveles, uno con contenido para ciudadanos y otro con contenido para pares y gente de ciencia, los científicos pueden participar masivamente en las redes sociales (Twitter, Facebook etc.) para crear audiencias y difundir sus blogs, textos, podcasts (además, a los científicos profesionalmente les conviene estar en las redes sociales, ¿Para qué le sirve a un investigador científico estar en Twitter?). Buscar como tener programas de radio, escribir columnas de opinión en la prensa. Los científicos también pueden ponerse de acuerdo para crear proyectos de libros de texto abiertos en ciencia en todos los niveles y disciplinas. Sugerimos que se creen cursos para los jovenes políticos, un curso como Física y Tecnología para Futuros Presidentes.

Ahora bien, dicho esto, tomamos también nota de la opinión de María Eugenia Esté, quien afirma que “la comunicación pública de la ciencia y de la ética en ciencia y tecnología no puede ser tratada ni resuelta individualmente. No se trata de que este o aquel científico dediquen tiempo a divulgar su ciencia o a estudiar ética. Se trata de dispositivos diseñados institucionalmente desde la misma constitución de los equipos de investigación.”

Ciudadanos veedores de la ciencia: La ciencia no es lo era antes, por ejemplo, en los tiempos de Albert Einstein, ahora existen cambios estructurales en la producción del conocimiento científico. Mucha ciencia está siendo comercializada, y esto es algo inevitable, porque la ciencia, la innovación y el desarrollo van juntas. Además, hoy día tenemos, los movimientos de ciencia libre o abierta ( que incluye muchas cosas, entre ellas a grupos ciudadanos como los biohackers — hoy grupos minoritarios, pero con tendencia a crecer, de allí estimamos que saldrán los Bio-Microsoft del futuro) y de ciudadanos científicos.

Se necesitan de otros ojos que velen por el bienestar de la ciencia, esto es, de ojos ciudadanos, que escudriñen lo que pasa en el mundo de la ciencia, que miren más allá de los imperfectos procesos de revisión de pares, que ahora generan menos transparencia que antes en los procesos normales de administración de la ciencia (esto es, en la jerarquización y asignación de recursos financieros, publicaciones de resultados, y en la evaluación de proyectos y resultados científicos) debido a la competencia entre científicos por escasos recursos económicos, intereses comerciales, u otros intereses ajenos a la ciencia misma. Los daneses, noruegos, y alemanes lo han institucionalizado con los paneles ciudadanos. Para, María Eugenia Esté, esto es importante, porque abrir el dispositivo científico a la mirada, el debate y el control ciudadano genera capacidades críticas que los mismos científicos necesitan para afinar sus métodos y resultados.

(e) Hay nuevas formas y estilos de hacer ciencias como la investigación en red y la ciencia libre o abierta. Por otra parte, la ciencia ahora es cada vez más intensiva en datos. Hablando sobre la investigación en red, Rafael Rangel Aldao, en El Reto Social del Conocimiento Científico, lo expresa de la siguiente forma:

La propia dinámica del conocimiento aumenta esa brecha en forma inexorable, presenciamos un cambio de paradigma heurístico del reduccionismo a la síntesis, de soluciones focales hacia sistémicas, de disciplinas aisladas hacia fusiones dispares nunca vistas, del investigador aislado a redes virtuales de práctica, el científico romántico y los grupos de trabajo quedaron atrás. El aumento de la complejidad es abismal, su velocidad centelleante, las interconexiones de la red global tienen un efecto multiplicador fortaleciendo solo los centros de saber, la escasez de conexiones de los nodos pobres les negaría el acceso a la frontera científica, la Internet sería para ellos apenas una ilusión, no entenderían un nuevo lenguaje que se enriquece cada día, ni tendrían como practicarlos por estar aislados, excluidos.

Una nueva forma de hacer ciencia que incluye además un paradigma emergente, compartir para triunfar y tener éxito (The New Einsteins Will Be Scientists Who Share), que proviene del movimiento de Ciencia Libre (Open Science). Un caso de éxito de la ciencia libre o abierta es el caso de la Resolución del Praziquantel (PZQ), una droga para combatir la esquistosomiasis. Para detalles del caso como una ventaja de la ciencia abierta, ver: Open Science is a research accelerator, publicado recientemente (Sept. 2011) en Nature.

En ¿Qué investigar en América Latina?, Hebe Vessuri sugiere que en América Latina se debería hacer una ciencia finalizada. En muchas disciplinas existen áreas que ha alcanzado una etapa madura, por ejemplo, dinámica de fluidos, resonancia magnética nuclear, o genética de plantas, áreas en donde las bases fundamentales de la ciencia ya se conocen. En la ciencia finalizada con frecuencia se hace muy difícil distinguir entre ciencia básica o aplicada. Por ejemplo, en el campo de dinámica de fluidos,si uno mira un análisis matemático complejo de un problema de turbulencia, es muy difícil saber si la motivación original para el estudio fue la propia curiosidad del científico, o si el trabajo fue motivado por un problema práctico de diseño de alas de un nuevo avión comercial. En palabras de Vessuri: “Dadas estas condiciones de finalización de grandes áreas de conocimiento dentro de las mismas disciplinas básicas, pareciera que el aporte fundamental que las comunidades científicas de la periferia pudieran hacer está no en la ciencia aplicada tradicional sino en la ciencia finalizada una ciencia no menos científica que la ciencia pura o fundamental, claramente una ciencia básica madura orientada por objetivos sociales.

Por otra parte, Julio Castro Lamas, Director Regional Asociación Universitaria Iberoamericana de Postgrado (AUIP) y Director de Postgrado-MES, (Cuba)— citando a Agustín Lage, Director del Centro de Inmunología Molecular de La Habana, en Desafíos del Desarrollo, 1995, dice que:

“Se plantea el dilema de escoger entre el riesgo de desvincularse de los problemas …del contexto especifico de la región y el riesgo de desvincularse de las tendencias globales de la investigación y desacoplarse de los flujos principales de información, tecnología y recursos….La tarea de los científicos consiste precisamente en tender los puentes y en no permitir el desacoplamiento de una parte de la humanidad, de las tareas cognoscitivas de la otra…..Se trata pues de formar investigadores y académicos con una formación básica que los capacite para participar en los grandes proyectos de investigación que se plantea hoy la humanidad a escala global y al mismo tiempo un conjunto de valores morales que sustenten un compromiso con la solución para todos, de los problemas…de su contexto específico…….o hacemos ciencia en estrecha integración con la comunidad mundial, o hacemos ciencia de segunda. La inserción … hay que garantizarla mediante la construcción de un sistema de alianzas (entre instituciones científicas, entre empresas, entre universidades, etc.) que garantice el adecuado balance entre intereses globales y locales.”

Un comentario futurista

Quien escribe se aventura a hacer el siguiente comentario futurista: los científicos que ignoren a la ciudadanía en el siglo XXI serán menos prósperos y productivos que aquellos científicos que se inmersen en la sociedad, que compartan con los ciudadanos los frutos de sus estudios y descubrimientos, que sepan comunicar su ciencia con pasión, y a diferentes niveles de entendimiento, que logren hacerse entender con grandes audiencias, para explicarles porque su ciencia es valiosa, porque el público debe estar interesado en sus proyectos, y porque el Estado debería financiarlos. Los científicos que logren visibilidad y prestigio entre la gente de a pie, y que usen modalidades de ciencia libre y abierta para solicitar que el público financie su ciencia (para mayor información sobre financiamiento por mayorías — crowdfunding science—, ver, FISICA 2.0) prosperarán mucho más que aquellos que no lo hagan. Personalmente, le recomendaría a todos los científicos que quieran seguir esta ruta que tengan en sus estantes una copia de High Visibility: Transforming Your Personal and Professional Brand.

¿Qué clase de física deberíamos hacer en Venezuela?

El debate sobre ciencia aplicada y ciencia fundamental no es nuevo. Marcel Roche, en los años sesenta, escribía en, La ciencia entre nosotros (1968), abogando por la realización de ambas:

“En un país cuyo ambiente es indiferente a la investigación como actividad profesional establecida, aquel que tenga madera de investigador necesita cierta de dosis de heroísmo para entrar en esa carrera…; la investigación pura le ofrece la incomparable compensación de la libertad, la libertad del poeta. Llamémoslo una forma de escape. Además no se puede hacer investigación aplicada en un medio donde no hay industrias interesadas en aplicar lo que se está investigando, no se puede aplicar in vacuo; de allí la falta de incentivo para llevar a delante ese tipo de ciencia.

Es mi impresión que muchos de nuestros investigadores activos muestren cierto desprecio, apenas disimulado, hacia la investigación aplicada, y hacia el invento práctico, a la Edison. No sé a qué obedece semejante actitud, si es que existe realmente, pero es claro que el país deberá fomentar cada vez más la investigación dirigida hacia objetivos inmediatos, sin por ello abandonar la investigación fundamental, que ha de seguir formando la base de nuestro progreso científico.”

Es claro, dice Roche, que, “si deseamos que la ciencia sirva al país como la base de su desarrollo social y económico, tenemos que dedicar esfuerzos mayores a la ciencia aplicada.

Sin embargo, todavía existen entre nosotros físicos académicos que aún en el siglo XXI sostienen una visión de mundo que es propia del siglo XIX, son aquellos que todavía piensan, y tal vez sin ellos mismos saber los orígenes de su “worldview“, como se expresaba, en Febrero de 1883, el primer editorial (The Future of American Science) de la revista Science(*), que promovía una ideología de la ciencia que afirmaba que “…el hombre que no descubre nada por sí mismo sino que se decica a aplicar a propósitos útiles los principios que otros han descubierto se ubica en un plano más bajo que el investigador [científico puro].

Tres físicos africanos, A. Awobobe, de la Universidad de Ibadam, Nigeria, H. Mweene de la Universidad de Zambia, Zambia y N. Chetty de la Universidad de Natal en Sudáfrica, han expuesto por separado, los mismos ideales que Marcel Roche promovía entre nosotros. N. Chetty, en sintonía con el llamado de Lage a balancear “entre intereses globales y locales“, invita a los físicos de los países en desarrollo a que practiquen ambas modalidades bajo el lema: “Pensar globalmente, y actuar localmente.” Y quien escribe ha acogido esta idea en la propuesta FULM (Física Ubicada Localmente y Multidisciplinaria) para la Escuela de Física.

Pensamos que la Escuela de Física debe aprovechar todas las oportunidades de participar en proyectos internacionales. Según vimos en el artículo de Caroline Wagner, los Estados Unidos tienen ahora un interés en internacionalizar su ciencia, y de participar en redes científicas, dada la situación de falta de recursos económicos para la investigación, la Escuela de Física podría (¿debería?) aprovechar los diversos programas creados en los Estados Unidos a tal efecto. Varias iniciativas y oportunidades para financiamiento de proyectos están citadas en el ensayo Ciencia y Sociedad: El Contrato Social.

Ahora bien, el debate sobre que clase de física exactamente debemos desarrollar en Venezuela, de acuerdo a los intereses de grupos, nacionales, planetarios, y, por ejemplo, binacionales con nuestros dos vecinos más importantes en lo que se refiere a las ciencias, Colombia y Brasil, es un debate que la comunidad de físicos venezolana aún no ha hecho. Que no se discuta la internacionalización de la física, que no se traten los temas de la tecnociencias (incluída la física) binacionales es algo inexplicable (y, si es que se hace que hablen duro, que no se les escucha). Mientras tanto se percibe a cada uno, individuos y grupos, cada quien, andando por su cuenta, sin realmente explorar sinergias. En una comunidad en donde como mucho hay 300 físicos que investigan, esto no tiene sentido ni explicación sensata, ya que en la adversidad, las sinergias son aún más necesarias para sobrevivir.

Unidos somos más, desagregados sumamos menos.

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(#) Hice una traducción libre de esta cita del poeta anglo-americano, Auden, en el inglés original, la cita dice: “As biological organisms made of matter, we are subject to the laws of physics and biology: as conscious persons who create our history we are free to decide what that history shall be. Without science, we should have no notion of equality; without art, no notion of liberty.” Tomado del libro, Imagined Worlds, del físico-matemático, Freeman Dyson.

(*) La cita completa en inglés es: Granting, even, that the discovery of truth for its own sake is a nobler pursuit…..it may readily be conceded that the man who discovers nothing himself, but only applies to useful purpose the principles which others have discovered, stands upon a lower plane than the investigator.

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IMÁGENES: Provistas por J. Álvarez Cornett.
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  17. RT @Chegoyo: @Mazaguaritox Mi ensayo: "El contrato social de la ciencia con la sociedad: notas para un diálogo 2.0" http://t.co/KN7ZOxfn

  18. @YonGoicoechea Mi ensayo: "El contrato social de la ciencia con la sociedad: notas para un diálogo 2.0" http://t.co/l39TdnYX

  19. Mi ensayo: "El contrato social de la ciencia con la sociedad: notas para un diálogo 2.0" http://t.co/l39TdnYX dedicado a @asovaccaracas

  20. gonzoucab says:

    Excelente articulo @Chegoyo http://t.co/QXC9gZcO

  21. Mi ensayo: "El contrato social de la ciencia con la sociedad: notas para un diálogo 2.0" http://t.co/l39TdnYX dedicado a @asovaccaracas

  22. El contrato social de la ciencia con la sociedad: Notas para un diálogo 2.0 http://t.co/RfVqfkwM por @chegoyo

  23. @AlbertoRavell Mi ensayo: "El contrato social de la ciencia con la sociedad: notas para un diálogo 2.0" http://t.co/l39TdnYX

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  25. @YonGoicoechea Mi ensayo: "El contrato social de la ciencia con la sociedad: notas para un diálogo 2.0" http://t.co/l39TdnYX

  26. "@Chegoyo: Mi ensayo: "El contrato social de la ciencia con la sociedad: notas para un diálogo 2.0" http://t.co/KSV7e5AH"

  27. "El contrato social de la ciencia con la sociedad: notas para un diálogo 2.0" post de @Chegoyo http://t.co/uqHr3isB

  28. bien!! RT @Chegoyo RT @infoCIUDADANO: "El contrato social de la ciencia con la sociedad: notas para un diálogo 2.0" http://t.co/HdthA4nU

  29. eshistoria says:

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  30. "El contrato social de la ciencia con la sociedad: notas para un diálogo 2.0" post de @Chegoyo http://t.co/uqHr3isB

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