Mafalda contra la SOPA

Fernando Núñez Noda
(@nuneznoda en Twitter)
MIAMI (infoCIUDADANO)
15/Enero/2012

ÚLTIMA HORA: Hoy, cuando ya circula la edición de 6toPoder que contiene este artículo, informa la prensa que el Congreso estadounidenese ha “congelado” la discusión de la SOPA. No obstante, cuidado con esa “congelación” que -a mi juicio- obedece a razones electorales (las primarias republicanas y el inicio de la campaña presidencial). Es sólo un diferimiento y los republicanos, principales propulsores de la SOPA, buscarán un mejor momento para atacar de nuevo con el maquillaje adecuado y con un mejor clima. Por los momentos, Mafalda gana, pero no olvidemos a las “madres” impositivas que nos quieren meter el consomé a la fuerza.

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Indigestión para la libertad de expresión

La SOPA a la que nos referimos significa, en inglés: “Stop Online Piracy Act” o “Ley para Detener la Piratería en Línea”. El proyecto de ley fue introducido en el Congreso estadounidense, en octubre de 2011. Su finalidad: ampliar los poderes de los organismos judiciales para luchar contra las transgresiones al derecho de autor y la propiedad intelectual.

Suena bien, en principio, pero las implicaciones tienen preocupados a miles de observadores, empresarios y usuarios de internet. Entre ellos, este servidor.

Esta ley, de aprobarse, le daría a entes como el Departamento de Justicia, a los propietarios de derechos de autor (mayormente corporaciones y grandes escritorios de abogados) la potestad de actuar legalmente (con mínimas autorizaciones tribunalicias) contra todo contenido del que se sospeche o compruebe que hace uso inadecuado del copyright.

La presión se sentirá en gestores de sitios web, publicistas en línea, blogueros, editores y facilitadores de pago, tipo PayPal. Peor aún, sobre motores de búsqueda y proveedores de hospedaje. Algunos prevén una disrupción de internet tal cual lo conocemos.

La ley criminalizaría el transmitir y compartir contenido protegido por derecho de autor, con penas de hasta cinco años. Adiós a la amplitud y el crecimiento de YouTube, Facebook y la galaxia de espacios que alojan contenidos relativos a Twitter.

Algunos críticos indican que la ley incrementará la discrecionalidad y las acciones arbitrarias, para cerrar sitios web sin notificación, sin debido proceso, sólo porque hay un marco legal que lo permite.

A favor y en contra

Obviamente hay una lista consistente de organizaciones, sobre todo corporaciones productoras y distribuidoras de contenido, instituciones legales y “lobistas”, que defienden la propuesta.

Las grandes cadenas de TV y conglomerados de medios: ABC, CBS, NBC, Fox, Time-Warner, ESPN, Sony, así como organizaciones cuyos nombres por sí solos dan miedo, como la Asociación Nacional de Fiscales de Distrito. Poseen y representan marcas y contenidos que se distribuyen mundialmente: películas, programas de TV, canciones; aglutinan más abogados que la serie The good wife y tienen una legión de diputados y senadores a su favor.

En contra están los “héroes” de la gran red: Google, Facebook, Twitter, eBay (unidos en la llamada NetCoalition), Yahoo!, AOL, LinkedIn, Mozilla, Wikimedia Foundation, Reporteros Sin Fronteras y, sin duda, una población inespecífica de blogueros, editores web, webmasters, “community managers” y meramente usuarios, a los que se agrega este humilde cronista.

Notorias figuras han alzado su voz y convocado acciones contundentes. Vinton Cerf, llamado el “padre de internet” (en realidad es uno de los desarrolladores del protocol TCP/IP) escribió una carta al Comité Legislativo que revisa el proyecto, afirmando que “requerir a los motores de búsqueda que borren nombres de dominio comenzará una ‘carrera armamentista’ de censura sin precedentes en la web”.

El Parlamento Europeo, gran defensor de la libertad en la red, ha emitido una resolución que rechaza “medidas unilaterales para revocar direcciones IP o nombres de dominio”.

Expertos importantes de internet, de conglomerados de hospedaje, de la Unión Americana de Derechos Civiles, del Centro de Computación y Tecnología de Información y otras importantes organizaciones, serán escuchados por el Comité del Congreso estadounidense el 18 de enero. Esperemos que prive la sensatez.

Se ha previsto un “blackout” de los sitios más emblemáticos de la web, como Google, Facebook y Yahoo! para el 23 de enero, un día antes del inicio de las discusiones sobre la SOPA en Washington. Por su parte, el grupo activista en línea Anonymous, ha anunciado acciones, que van desde unirse al apagón hasta sabotaje.

Y, sin exageración, si pudiera pronunciarse, no tengo dudas que la mismísima Mafalda odiaría un proyecto que le da excesivo poder al Estado y coarta la libertad.

¿La receta?

Quién niega que los artistas, creadores y propietarios deben ser recompensados adecuadamente por su propiedad intelectual. Nadie. La piratería y apropiación indebida de la creación ajena campea en la web, hemos hablado de eso (http://bit.ly/rLTz6T).

Pero ya hay leyes suficientes para tratar estos asuntos. Incluso, esas leyes pueden ampliarse hasta el extremo de suspender una página con el debido proceso, con oportunidad para corregir cualquier error, siempre amparados en un proceso judicial en el que las dos partes tengan oportunidad y margen de acción.

Pero otorgar poderes unilaterales a grupos poderosos, sobre todo corporaciones con abogados muy ambiciosos, se me antoja una forma muy peligrosa de Hermano Mayor orwelliano. En la web pululan sitios web que usan material creído de dominio público para objetivos individuales, académicos o sin fines de lucro. Darles una advertencia y pedirles que retiren un contenido es un procedimiento lógico y sensato. Cerrar el sitio, un exceso.

Hay mucha lógica difusa y subjetividad en la web, mucha indefinición para determinar derechos. Esto no es excusa, porque quien pretende usar un contenido hallado en la web debe examinar el contexto de donde lo toma, sobre todo los términos de uso. Me autocito de http://bit.ly/eD5RpR, en un artículo dirigido a los webmaster y editores web:

Que todo tenga crédito: textos, fotos, videos, audios. Que un usuario vea su nombre es ya una gran recompensa por el esfuerzo de producir mensajes. Cuando uno encuentra una imagen en Google Images, por ejemplo, quizá aparezca repetida, de modo que solemos tomar cualquiera. Pero si la foto o ilustración no tiene créditos discernibles, hay que buscarlos. Posiblemente en alguna de las piezas repetidas, en los sitios web que los contienen, etc. Si no se encuentra, señale la fuente: un sitio web, Google caché, Flickr, etc. Si alguien se identifica como autor, chequée un poco (y guarde todos los correos electrónicos y mensajes que se crucen). Requiera que le envíen la información por correo electrónico, a direcciones creadas para ese fin.

Quien busca encuentra, así que la única excusa sería que realmente fuera imposible determinar el origen de un contenido, que se hagan todas las gestiones para localizar a los autores en caso de no determinarlo, que no se use para fines comerciales y que exista la voluntad expresa (incluso escrita en términos de uso) de retirar tal contenido si hay un reclamo.

Ciertamente la gente es muy ligera a la hora de usar lo ajeno, pero ciertamente, suele ser difícil saber si una foto o un texto puede o no reproducirse. A veces se consiguen en una página que se autoproclama bajo licencia Creative Commons (requiere sólo citar fuente y no usarlo para objetivos comerciales) y sin embargo sus gestores lo han tomado de un sitio que sí reclama derechos de autor pero ya no se sabe cuál es. Por tanto, sensatez, negociación, advertencia, no poder unilateral y menos en internet.

No a la SOPA, pues. Estoy, como muchos, en pie de guerra contra leyes como ésa. Apoyaré el apagón, firmaré peticiones, difundiré información y contribuiré con cualquier boicot que haga inviable ese proyecto abusivo de poder.

E invoco a Mafalda, para acompañarla por esta vez en un contundente rechazo a la SOPA.

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Publicado hoy en la sección de Cibersociedad de 6toPoder, de FNN. ILUSTRACIÓN: Quino, usada con permiso no solicitado solidario.
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