Las elecciones fueron una fiesta… Hasta que me convertí en Ni Ni (y III)

Golcar Rojas
(@golcar1 en Twitter)
MARACAIBO (infoCIUDADANO)
10/Septiembre/20011

Parte 3 de 3

Una vez más, me taparé la nariz para poder votar

Hay en los políticos venezolanos, tanto del oficialismo como de la oposición, una marcada inclinación a continuar ejerciendo la política de la misma forma como se hizo en el período de la cuarta república y que se ha continuado y empeorado durante la denominada quinta república. Esa particular visión que parece enfrentar al elector en términos de estadística y conteo de votos sin tomarlo en cuenta como ciudadano activo y con poder de decisión. Por otro lado, es evidente que los políticos no han entendido que la gente pide a gritos un nuevo político, uno que en verdad tenga vocación de servidor público, que sirva de modelo de ciudadanía y que esté dispuesto a ejercer el poder de una manera respetuosa, eficiente, honesta y digna. Es decir, queremos ser CIUDADANOS, liderizados y gobernados por CIUDADANOS.

Pero la tendencia de hacer las cosas igual esperando resultados diferentes que ha caracterizado al gobierno de Chávez, parece cundir también en la oposición, con lo cual, bajo la excusa de que “lo hacemos porque así lo hicieron o hacen los otros”, quienes ostentan cargos de gobierno cometen los mismos abusos, los mismos atropellos, las mismas discriminaciones y violaciones de derechos por las que, un pueblo cansado en 1998 le dio su voto a un golpista con la esperanza de que el poder sería ejercido desde una perspectiva diferente, desde la óptica de que lo que se hacía mal, sencillamente no se podía seguir haciendo.

Evidentemente, el chavismo no entendió ese mandato y empezó a cometer contra la ciudadanía todos los atropellos por los que justamente, en protesta, el pueblo los llevó al poder. Pero, lo más lamentable, es que los actuales representantes de la oposición no parecen haber entendido tampoco y se empeñan en cometer los mismos errores del chavismo continuando así con la cadena de fallas y desaciertos que ya parece un sinfín.

Los venezolanos no queremos que se superen unas injusticias cometiendo nuevas injusticias, ni atropellar para enmendar atropellos. A eso me refiero cuando digo ejercicio ciudadano del poder, asumir que no se puede pretender que lo que es inmoral, corrupto y violatorio, deja de serlo cuando lo cometo yo. Lo que es deleznable desde un lado lo es y seguirá siendo desde el otro. No pretendan justificar villanías con la excusa de que los otros eran más villanos. De eso, ya estamos hartos.

Por todo esto, para mí, los procesos electorales hace mucho perdieron el carácter festivo y divertido que tenían en mi niñez y adolescencia. He ido a votar porque sigo creyendo en el voto y, disciplinada y diligentemente, iré a votar en las elecciones de 2012 por el candidato que surja del proceso de primarias, a pesar de que considero que con esta oposición jamás saldremos de este régimen ni superaremos los graves problemas que nos aquejan.

Confiaré en que la intervención divina nos favorezca en nuestra liberación. Votaré, una vez más, contra el régimen; no a favor de un candidato. Pero seguiré guardando bajo el brazo todas las facturas que les tenemos a los políticos y que tengo fe, algún día, podremos cobrar. Ese día en que podamos votar no por “gente decente” o por “gente vulgar”, sino por ciudadanos en ejercicio político elegidos por otros ciudadanos en ejercicio de un derecho civil pensado y razonado.

Votaré por el candidato de la unidad, marcando a manera de protesta esa tarjeta “unitaria” que de forma bastante engañosa ha surgido del seno de la Mesa de la Unidad.

Engañosa, sí. Porque cuando una gran parte del país les pedía a los partidos políticos una muestra de desprendimiento, una señal de que en verdad están pensando más en el bienestar del país y en mejorar las condiciones de vida de la población que en sus propias apetencias políticas, una pista de que en verdad están leyendo al país; como una forma de estar bien con Dios y con el diablo, nos ofrecen una tarjeta “unitaria” cuando lo que se pedía era una tarjeta “única”.

Aspirábamos a una sola tarjeta que nos demostrara que ellos no están sólo esperando la medición para luego salir con sus números bajo el brazo a exigir la cuota de poder que asumirían les corresponde de acuerdo a la cantidad de votos que aportaron al triunfo, convirtiéndose, una vez más, en tranca en lugar de puente.

La “ingeniosa” idea para calmar los anhelos de unidad fue incluir una nueva tarjeta, pero manteniendo las tarjetas de cada partido. Pues bien, que esa tarjeta se convierta en el voto protesta, el voto de los que no estamos de acuerdo con el régimen, pero tampoco estamos conformes cómo se maneja la oposición. Que votar marcando esa tarjeta signifique una advertencia a los partidos políticos de que no nos están engañando, que los tenemos en la mira y que, tarde o temprano, tendrán que responder. Porque ya estamos hartos de que los políticos volteen la tortilla y al final nos hagan sentir que la culpa de sus ineficiencias, ineptitudes es incapacidades son de los ciudadanos que no hacemos lo que tenemos que hacer. ¡Hasta el problema de la inseguridad, ahora pretenden hacernos ver que es responsabilidad de los ciudadanos y así se lavan las manos y escurren el bulto quienes tiene esa responsabilidad por mandato de la Constitución!

Es cierto que cada uno de nosotros tiene un rol qué cumplir en el país pero al revisar los resultados, creo que la balanza se inclina a favor del ciudadano que trabaja todo el día para sobrevivir y no a favor de los políticos que hasta los momentos no han cumplido con su mandato.

Los ciudadanos de este país, en estos momentos, quisiéramos de parte de los líderes de oposición muestras de que están conscientes de que Venezuela exige una manera diferente de hacer política y de ejercer el poder. Que están dispuestos a poner de lado sus apetencias particulares en favor de un gobierno de transición que siente las bases para implantar un nuevo sistema político en el que, cada partido, volvería a luchar por sus ideales particulares pero que, hasta entonces, permanecerían, durante la etapa de transición, apoyando al gobierno unitario en la reconstrucción del país.

Por como pinta el panorama hasta ahora, a menos que suceda un milagro y surja un candidato nuevo que me convenza, en el 2012, una vez más, me acercaré con recelo a las urnas electorales, me taparé fuertemente la nariz y marcaré la tarjera “Unitaria”, en espera de tiempos mejores.

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FUENTE: Golcar’s Blog. ILUSTRACIÓN: @milagrosblue para infoCIUDADANO.
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