El chavismo en el año de Rasputín, la oración del tabaco y los golpes de tambor

Manuel Malaver
(@malavermanuel en Twitter)
CARACAS (infoCIUDADANO)
04/Septiembre/2011

Muy asustados deben estar Chávez y la élite que mantiene bajo siete llaves el secreto del estado real de su salud, para que la política revolucionaria en las últimas semanas haya devenido en un ejercicio de celebración de ritos mágicos, de invocación a las ”Tres Divinas Personas” y el “Gran Poder de Dios”, de oraciones del tabaco a la Reina María Lyonza y su Corte Celestial, y de golpes de tambor a San Juan Bautista y el Negro Felipe por la pronta sanación del cáncer que a todas luces hace estragos en la humanidad del comandante en jefe, caudillo y redentor.

Es cierto que también hubo misas católicas, una de ellas ecuménica, con representación de sacerdotes de todas las iglesias cristianas del país ¿pero qué duda cabe que igualmente se celebraron ceremonias más esotéricas, misteriosas y satánicas, de sectas menos conocidas y hasta prohibidas, ya fueran de la santería, del vudú y de la macumba, todas ellas inscritas en esas corrientes que la síncresis religiosa de los tres razas que formaron el mestizaje nacional nos dejó como muestra de que venimos no de una, ni de dos, sino de varias génesis?

O sea que, nada de aquello de “si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, o del principio marxista, según el cual, basta que la voluntad del ser “lo” quiera para que la conciencia “se” acople a sus dictados (“el ser determina la conciencia”, escribió Marx en su “Tesis sobre Feuerbach”), ni mucho menos creer que la medicina occidental basada en los logros últimos de la electrónica y la lectura del genoma humano contenga las claves para salvar a un enfermo de un diagnóstico con altos índices de mortalidad, sino que, el regreso a la dimensión de lo real maravilloso, al templo de la propia corte de los milagros, a los artilugios que mediante invocaciones y conjuros a lo sobrenatural suelen salvar donde la ilustración francesa, la dialéctica marxista y el positivismo lógico, fallan.

Un momento de extrema fragilidad en la naturaleza de Chávez y del chavismo en fin, un movimiento político que se trazó como objetivo central y nuclear la restauración del comunismo stalinista, maoísta y castrista en América Latina y en el mundo, que para ello no tuvo empachó en crear y adorar un ídolo que cumpliera el rol de Stalin en la Unión Soviética, de Mao en China y de Fidel Castro en Cuba, pero que en los últimos meses se ha visto rodar más bien por batallas donde lo que está en juego, no es “salvar a la humanidad”, sino su propio pellejo.

Grigori Yefimovich Rasputín (1869-1916).

Y se me viene a la memoria- aunque no sé si con toda la pertinencia del caso-el recuerdo de aquel monje siberiano, Grigori Yefimovich Rasputín, que apareció en el crepúsculo de la familia imperial rusa, los Romanov, por allá en el año 15 del siglo pasado, en circunstancias de que el heredero al trono, Alexei, padecía de un mal incurable, la hemofilia, que le provocaba hemorragias incontenibles por cualquier rasguño, caídas y recaídas que siempre, o casi siempre, lo mantenían en cama, por lo que, aparte de una llama de vida que se le apagaba día a día, debía someterse a tratamientos que le provocaban enormes dolores y angustias sin fin.

O sea que, pánico, horror y terror en el seno de la familia imperial rusa y de la élite que la rodeaba, pues la muerte o incapacidad del único y posible heredero al trono, Alexei, podía ser el fin, no solo de la dinastía Romanov, sino también de la autocracia que desde los tiempos de Miguel III (1613) venía al frente de una sociedad que ya para los comienzos del siglo XX era una anacronía histórica y política en el contexto total de Eurasia.

Y en este clímax apareció Rasputín en Moscú, recién llegado de su Siberia natal, diciendo que él curaría la “zarevich” y le garantizaría su ascensión al trono, que era también la continuidad de la dinastía Romanov y de la autocracia, y fue llevado a palacio y, en efecto, con conjuros, rezos, fórmulas, ritos y oblaciones logró que el enfermo mejorara, se sintiera cada día más repuesto y fuera, poco a poco, recuperando la salud.

Lo que siguió, sin embargo, fue el fin de Nicolás II, de la familia imperial rusa, de la dinastía Romanov y de la autocracia cinco años más tarde, pues si bien Rasputín llevó algún alivio a la salud del heredero al trono, también introdujo, a través de sus poderes mágicos, de sus conjuros y exorcismos incontables vicios en la corte, prostituyó a muchos de sus miembros, prácticamente desplazó al zar en el afecto de la zarina (que fue como desplazarlo del trono), y desarrolló un inmenso poder que los desacreditó a extremos intolerables, y convirtió en víctimas propiciatorias cuando Rusia fue derrotada catastróficamente en la “Primera Guerra Mundial” y pasó a ser controlada por Lenin y sus bolcheviques.

No quiero en absoluto hacer un paralelismo entre la corte del zar Nicolás II, y el gobierno del comandante-presidente venezolano, Hugo Chávez, que tiempos, escenarios y personajes son radicalmente distintos, pero si llamar la atención sobre lo que puede ocurrir en una estructura de mando cuando lo irracional priva sobre la racional, lo lúdico sobre lo positivo, lo metafísico sobre lo físico y en vez de aceptar la realidad tal la presentan las impredictibilidades del destino, se las quiere sustituir por atajos que siempre conducen a derrumbes donde se pierden las nociones mínimas de lo humano, de lo lógico y lo natural.

En el caso de Rusia, no se quiso aceptar que los Romanov habían llegado a su fin, que sonaba el clarín que daba curso a otra dinastía ahora constitucional, o a la fundación de una república que actualizará política, económica, tecnológica y socialmente a Rusia.

Por el contrario, se insistió en lo imposible, en el brujo que curara lo incurable y esto, unido a la derrota del vetusto imperio en la “Primera Guerra Mundial”, dio lugar a la revolución de Lenin y sus bolcheviques que destruyó lo que había, construyó poco o nada y dejaron a la Rusia actual convertida en un país del Tercer Mundo que solo se distingue por la explotación de sus materias primas y un complejo militar industrial seriamente distanciado de los stándares de punta.

En lo referente a Venezuela, es indiscutible que su presidente ha sido afectado por una enfermedad que no fue propiciada por la oposición, ni Estados Unidos, ni cualquier otro poder en el mundo, sino por esa variable incontrolable que los griegos llamaban “Némesis”, las religiones del libro (judíos, cristianos y musulmanes) “Destino”, y el brahmanismo y el budismo “Karma”, pero a la que solo cabe aceptar de una manera racional, ya sea para su superación, o dado un resultado adverso, para procurar y procurase el menor daño posible.

En el caso del presidente Chávez, es evidente que está, como el zar Nicolás II de Rusia, tratando de sobrevivir a través de lo irracional, de lo sobrenatural, que es cierto, ´puede curar unos males, pero provocar otros más peligrosos, corrosivos e incontrolables.

Como puede ser la aparición, no de uno, sino de varios Rasputines, que lo convertirían en el títere o instrumento de sus ambiciones, y a cambio de mantenerlo “vivo”, o “medio vivo” en Miraflores, procedan a seguir despellejando a Venezuela, arrancándole hasta la última pluma, asfixiándola hasta no permitirle respirar, mientras las riquezas del país son trasladadas al extranjero y las pocas que quedan se van agotando porque no hay quien las explote, reproduzca, conserve o mantenga.

Noticias como el traslado de las reservas de oro del país, del Banco de Inglaterra a las bóvedas de un BCV cuyas autoridades no tendrán remilgos en permitirle a los Rasputines que las remitan a Cuba, o la pérdida por abandono en silos o aduanas de cientos de toneladas de alimentos, o la conversión de las cárceles en santuarios donde, no el estado, sino la delincuencia organizada tiene sus cuarteles, arsenales y casas de guarnición, son demostración de cómo por el empeño de un presidente que se niega a admitir que está enfermo y no puede sobrellevar la carga de la conducción del mando, no solo no se corrigen, sino que se ahondan los males preexistentes a su dolencia, que surgen otros nuevos, irresolubles y peores y que concluirán con la destrucción del Zar Nicolás II y de la familia imperial rusa…perdón, me equivoqué… de Chávez, del chavismo, del PSUV y de los Rasputines que lo llevan a la ruina.

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ILUSTRACIÓN: Lúdico para infoCIUDADANO
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