La utopía estatista y el movimiento estudiantil chileno

Rodrigo Ahumada Durán
CHILE (infoCIUDADANO)
20/Agosto/2011

El Estado no es lo mismo que el estatismo. Entre ambas realidades existe un abismo insalvable. Si no se distinguen desde el inicio se producirán las más graves y nefastas consecuencias para el orden democrático. El Estado es una Institución que forma parte de la sociedad política y se estructura “orgánicamente” a partir de los principios de subsidiariedad y solidaridad para la realización efectiva del bien común, que consiste en el desarrollo integral de cada persona que forma parte de la polis democrática. El estatismo, en cambio, es la degradación ideológica y totalitaria del Estado y de la misma democracia al hipotecar los derechos de la persona, sobre todo el derecho a la libertad en nombre de una supuesta igualdad.

Para la ideología estatista, el bien común es sustituido por el bien público. Este último no sería más que una “causa instrumental” para la instauración de un Estado con poderes omnímodos ¿Por qué? Porque finalmente, como decía el filósofo comunista Antonio Gramsci, cada individuo no es más que un funcionario del Estado (comunista). O, como le gustaba señalar al filósofo Giovanni Gentile, ministro de educación de Mussolini, todo individuo está subordinado a los intereses del Estado (fascista). No es casualidad que tanto Gramsci como Gentile hayan visto con nitidez que, en cierto sentido, todo se juega en la cultura y en la educación, lo demás vendrá por añadidura.

En los dos casos antes mencionados, el hombre está al servicio del Estado y no el Estado al servicio del hombre, como ocurre en un régimen democrático. Solamente el Estado tiene un valor en sí mismo o absoluto (Hegel). El padre del fascismo, Benito Mussolini solía expresar esto con gestos y palabras dominadas por la pasión propia del Caudillo que habla a masas delirantes: ¡Nada fuera del Estado! ¡Todo para el Estado!

¿Sabrá alguno de los dirigentes del movimiento estudiantil cuan fascistas y totalitarios pueden llegar a ser sus planteamientos al proponer la estatización de la educación disfrazada bajo el supuesto falaz de una educación gratuita para todos? ¿Cómo comprender la falta de seriedad y coherencia de los supuestos líderes que todos los días cambian de discurso?

¿Es lo mismo una educación pública de calidad que una educación estatal? ¿De dónde proviene tanta demagogia ideológica? ¿Quiénes la alimentan y la promueven? Detrás de muchos planteamientos ajenos a las justas demandas de la mayoría de los estudiantes, es posible rastrear en muchos de sus “líderes” una ideología estatista que avanza subrepticiamente en nombre de una supuesta democratización de la educación.

Esto obliga a distinguir con claridad las legítimas demandas de la mayoría de los estudiantes de los discursos ideológicos de sus dirigentes que irritan por su demagogia. Si lo que planteamos no fuese real, puede alguien con algo de sensatez explicar qué relación existe entre la exigencia de “renacionalización del cobre” y el acceso de todos los estudiantes chilenos a una educación de calidad ¿Cómo explicar que un grupo de dirigentes encabezados por Camila Vallejo haya rechazado la propuesta del Presidente de la República apenas terminó su discurso al país sin haberse dado el trabajo de analizarla? ¿Acaso esperaban el anuncio de una educación estatal? Si esto no es ideología ¿Qué es ideología?

Esta idea ciertamente no está en la mayoría de los estudiantes que marchan. Pero es fácil encontrarla en las demandas ideológicas y otras anarquistas de los dirigentes estudiantiles de la izquierda más radical o del presidente del Colegio de Profesores, muchos de ellos simpatizantes o militantes del PC, para los cuales cualquier fin justifica los medios, aunque el fin sea imponer en Chile un modelo de sociedad basado en la primacía del Estado sobre la persona: el Socialismo del Siglo XXI. El mismo encarnado y promovido por el Comandante de los Llanos, Teniente Coronel Hugo Chávez. No debemos olvidar que el estatismo ya tuvo su desarrollo a lo largo del Siglo XX, alcanzando su mayor expresión y paroxismo en los regímenes totalitarios, Marxismo, Nazismo y Fascismo. De estos tres regímenes solamente el socialismo estatista ha logrado sobrevivir con uno que otro maquillaje.

¿Cómo ha sido esto posible no obstante sus rotundos y trágicos fracasos? A nuestro entender, dos factores esenciales concurren para la supervivencia de la utopía estatista. En primer lugar, la expansión arrolladora de una Sociedad de Mercado ante un Estado inoperante e ineficaz que reduce al ser humano a una simple mercancía, agudizando los grandes desequilibrios sociales y económicos en países como los nuestros con una extrema pobreza indignante y escandalosa.

Se trata de la “idolatría” del mercado considerado como una ideología política y social. Sus partidarios nunca han podido entender qué es el Estado y para qué existe. Todavía recuerdo a uno de los ministros actuales señalar en un seminario organizado por la Revista Capital, “el Estado no es más que un proveedor de bienes públicos”.

En segundo lugar, la manipulación de la memoria histórica. Como lo han señalado y lo reafirman importantes especialistas particularmente en Europa, la última década del siglo XX y la actual han sido testigos de la poderosa contraofensiva desplegada por los políticos e intelectuales de la vieja izquierda con el fin de borrar e invertir las conclusiones que, en 1990 parecían desprenderse de la evidencia del hundimiento del comunismo, y más generalmente de los fracasos del socialismo estatista.

Algunos en sus intenciones han llegado al extremo de querer identificar el “Estado Benefactor”, “État Providence” o “Estado Social”, con la ideología estatista lo cual es sencillamente ignorante. Este argumento lo encontramos en Chile en varias declaraciones de Camila Vallejo y de otros dirigentes estudiantiles.

Jean-François Revel, militante del PS hasta la década de los 70 y ex marxista, ha explicado la supervivencia del estatismo socialista de manera genial en una de sus últimas obras partiendo por una serie de mordaces interrogantes que me permito citar aquí:

¿Qué motivos han incitado a estos políticos y a estos intelectuales a creer que podían sacar de la historia que habíamos vivido unas lecciones en tan manifiesta contradicción con lo que ella enseñaba y con lo que había sido? ¿A qué argumentos han recurrido para sustentar su justificación de los extravíos y de los crímenes constitutivos del totalitarismo o, al menos, de las intenciones que los habían engendrado? ¿En qué medida sus propagadores los han impuesto a las mentes, a qué mentes, a través de qué canales de transmisión intelectual? ¿Es vasta su audiencia? ¿O su influencia se limita a una clientela poderosa pero numéricamente limitada y que, en el fondo, se procura el espejo del maquillaje moral a fin de ahorrarse la confesión de los errores y la vergüenza del remordimiento? (La Gran Parade, 2000).

El maquillaje para salvar un tipo de estatismo -el estatismo de izquierda- se hizo intentando establecer una diferencia radical entre los “socialismos reales” y lo que fue la experiencia nazi en Alemania. Como lo ha recordado Jacques Rossi –ex militante del PC-, en su obra enciclopédica, Manuel du Goulag (1996), “es inútil tratar de saber cuál de los totalitarismos de nuestro siglo fue más bárbaro puesto que todos impusieron el pensamiento único y dejaron montañas de cadáveres” (Véase también, Stephane Courtois, Communisme et Totalitarisme, 2009). Por esto, es particularmente necesario, no caer en la “hemiplejia de la memoria histórica”, si se pretende garantizar una defensa eficaz de los derechos de la persona para garantizar la existencia y consolidación de una plena democracia.

Son justamente estos planteamientos “remodelados” los que han aparecido en las declaraciones y entrevistas realizadas a varios “líderes” del movimiento estudiantil, silenciando la sensatez de muchos e instrumentalizando las nobles aspiraciones de la mayoría de los jóvenes. No en vano el mismo Rossi no dudaba en señalar que “el ideal del marxismo-leninismo, aunque sea una quimera, reaparecerá porque es demasiado bello” (Cf. Quelle était belle cette utopie, 1997).

Si alguien tiene alguna duda debe leer la “evolución” histórica de una de las ideólogas del socialismo chileno de los 60 y 70 que actualmente es asesora política del régimen de Hugo Chávez, Marta Harnecker, partiendo por su manual, Los conceptos elementales del materialismo histórico (1969), pasando por Cuba, ¿Dictadura o democracia? (1976), hasta sus ensayos más recientes, La Izquierda en el umbral del siglo XXI. Haciendo posible lo imposible (1999) o Reconstruyendo la Izquierda (Caracas, 2006). Claro hoy día se habla de democracia y no de dictadura del proletariado. Pero el estatismo está ahí más vivo y más fuerte que nunca.

No nos cansaremos de repetirlo, las soluciones que requiere nuestro país en educación como en tantas otras materias para consolidar una democracia fundada sobre la libertad, la justicia social y la amistad cívica y que respete nuestra identidad cultural, no pasan y nunca pasarán por Modelos de Sociedad de inspiración ideológica que no reconocen a la persona como el principio, sujeto y fin de toda actividad y de toda institución humana.

En el caso específico de la educación en Chile, ni la “Sociedad de Mercado” ni la “Sociedad Estatista” son las soluciones que el país requiere. Eso no solamente debe entenderlo la “clase” política sino también los dirigentes estudiantiles, ambos deben colocar sus intereses partidarios, por muy legítimos que sean, al servicio del bien común del país. Si esto no ocurre nuevamente estaremos frente a una reforma educacional truncada, y Chile volverá a ser, al decir del importante pensador Aníbal Pinto, un caso de desarrollo frustrado.

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ILUSTRACIÓN: @milagrosblue para infoCIUDADANO.
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24 Responses to "La utopía estatista y el movimiento estudiantil chileno"

  1. Yo lo veo un poco distinto. No creo que exista un malestar verdadero detrás de estas protestas, de ser así Piñera jamás habría llegado a la presidencia ¿toda la opinión nacional cambió en menos de un año? muy difícil. Creo que el asunto partió como una presión de los mismos grupos de interés que vienen haciendo paros todos los años desde principios de los 90: profesores municipales y profesores de universidades estatales que se sienten amenazados.

    Lo nuevo de este año es que el partido comunista la tiene muy dura para conservar los espacios de poder que la concertación les había comprado a cambio de “paz social”, ellos, que controlan las federaciones de estudiantes junto con los sucesores del MIR fueron el grupo de interés nuevo que cambió las protestas este año, antes siempre iban a negociar algún privilegio -por eso tienen dos diputados- ahora dejaron de ser moneda de cambio.

    Creo que los post MIR no estaban con la misma disposición y se daban cuenta que se trataba simplemente de un juego de poder del PC, pero se vieron obligados a sumarse para no perder sus propios espacios en las directivas de estudiantes.

    Ahora están atrapados en la dinámica y no pueden bajarse, los post MIR son los que han hecho todos los sacrificios y seguramente los únicos que se beneficiaran son algunas figuras del PC, nadie sabe para quien trabaja.

  2. RT @DanielNorero: RT @infoCIUDADANO: La utopía estatista y el movimiento estudiantil chileno http://t.co/XFVMTWTH

  3. RT @infoCIUDADANO: La utopía estatista y el movimiento estudiantil chileno http://t.co/Cuf6GtxR

  4. http://t.co/K2p84av Eso no solamente debe entenderlo la “clase” política sino también los dirigentes estudiantiles.Colum: Rodrigo Ahumada

  5. José Alvarez-Cornett says:

    Dos cosas. (1) La universidad del siglo XXI debe ser una institución que además de educar, innova y crea empresas.¿Investigan e innovan la universidades privadas chilenas o son sólo instituciones para el lucro? Si la mayoría de la univeridades chilenas privadas son sin fines de lucro pero no investigan e innovan la sociedad chilena debería encontrar mecanismos para que lo hagan. (2) Una sociedad debe tener mecanismos para que sus ciudadanos se eduquen en el 3er nivel(universitario) sin que esto represente una orpbiosa deuda como en el caso de muchos jóvenes norteamericanos que se graduan con deudad del orden de 150 mil dólares. Pero esto tampoco quiere decir que toda la educación deba ser gratuita o sólo del estado. Lo importante es que la sociedad (va en su propio beneficio) garantice acceso adecuado, y razonable para toda la población, con capacidad para realizar estudios universitarios, sin discriminación por raza o nivel socioeconómico. Recientemente, Fernando Mires escribió un artículo que recomienfdo leer: La crisis de la Universidad. Y, el antiguo presidente del sistema de universidades de California,Richard Atkinson, ha escrito un artículo muy bueno,Science and the Entrepreneurial University, cuya lectura también recomiendo.

  6. dcontard says:

    Concuerdo con el artículo en que algunas exigencias del petitorio (principalmente, la estatización del cobre para financiar la educación pública y garantizar educación pública para todos) no aportan en el beneficio de la sociedad. Sin embargo, los argumentos a los que apela el artículo se basan en cultivar un miedo a volver a caer en un estado comunista y el único nexo que da entre las dos cosas (exigencias de estudiantes y estado comunista) es que en los estados comunistas se estatizó el cobre.

    Luego empieza a hablar de todo lo terrible que son los estados comunistas (por poner a las personas al servicio del estado y no al revés) y dictamina que por esto el movimiento estudiantil es demagogo y nos puede llevar a una distopía totalitarista.

    Hay dos puntos en los que la columna no logra dar con su cometido. Primero, no explica cómo estas dos exigencias (estatización del cobre y educación gratuitas) son equivalentes a instaurar una maquinaria comunista en todos los otros aspectos del estado (o, por último, cómo podrían desencadenar una serie de sucesos que nos llevarían a tal situación). Segundo, no basa su artículo en lo que actualmente se está planteando por la mesa directiva del movimiento (que, en vez de plantear una educación gratuita para todos, ahora están planteando financiar o facilitar el financiamineto de la educación para los sectores más pobres de la sociedad).

    Ojo, que con respecto al primer punto, no digo que no sea posible llegar a un estado comunista (aunque, viendo los resguardos que la constitución da actualmente, lo veo poco probable). Lo que reprocho es que la columna afirme tan categóricamente que una cosa va a llevar a otra sin explicar cómo se producirían esos cambios de forma tan inevitable. No son mejores estos argumentos que los de aquellos alarmistas que afirmaban que, por votar por Piñera (y, en general, por votar por un gobierno de derecha), caeríamos de nuevo en un estado como el de la dictadura de 1973 o que el país terminaría siendo gobernado por empresarios.

    El llamado a plebicito, una herramienta mucho más subseptible de influenciar el gobernar de la nación a través del populismo y la demagogia (ya que, con los plebicitos, los caudillos son capaces de dirigir a las masas con motivos más bien pasionales, en vez de racionales), ni siquiera es mencionado en el artículo, algo que podrían haber usado perfectamente para criticar los aspectos demagógicos de algunos integrantes del movimiento.

    Por todo esto, me abstengo de decir que esta columna es “muy buena”. La calificaría más bien de amarillista y alarmista en la forma de mostrar sus argumentos, aún cuando tampoco me agradan las cosas que en ella se critican.

  7. *Sue* says:

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