El 15-M y la libertad de pensamiento

Carolina Lorenzo (@carol_lorenzo en Twitter)
ESPAÑA (infoCIUDADANO)
31/Mayo/2011

El Movimiento 15-M en Facebook, que hasta el domingo 29 de mayo ha recibido más de 36 mil “likes” (opción que ofrece la red social Facebook para que sus usuarios manifiesten cuando algo les agrada), se describe a sí mismo en los siguientes términos:

Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos.

Dicho autorretrato coincide exactamente con uno de los postulados publicados en la página principal de Democracia Real Ya organización de apenas unos meses de vida que ha promovido las acampadas del movimiento 15-M en España. En el manifiesto se lee que: “Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.”

Este párrafo es una muestra fehaciente de lo que Bernard Crick denunció en su libro “En defensa de la política”: Es enorme la cantidad de personas que piensan que la política es confusa, contradictoria, cíclicamente autodestructiva, estacionaria, poco patriótica, ineficaz o incluso un fraude o una conspiración de las que se sirven los partidos políticos para preservar unos sistemas políticos particulares y peculiares e impedir el avance hacia el futuro. Crick cita al escritor inglés Isaac Disraeli, quien hizo una reflexión aplicable a la actualidad: “La política, mal entendida, ha sido definida como el arte de gobernar a la humanidad mediante el engaño.” Personalmente, creo que el 15-M plasma la gran popularidad que ha cobrado la imagen deformada de la política.

La gran cobertura mediática y las múltiples reverberaciones del movimiento 15-M a nivel de la opinión pública nacional e internacional demuestran que los “indignados” españoles personifican un sentimiento compartido por una considerable parte de la sociedad española, incluso llegando a encontrar simpatizantes más allá de las fronteras ibéricas.

Por su parte, la mayoría de los medios de comunicación se han dedicado, como es lógico, a cubrir y analizar las protestas, las acampadas, las asambleas populares o las críticas generalizadas contra la represión policial. Sin embargo, la otra cara de la realidad no ha recibido la misma atención: ¿qué opinan los jóvenes que no han se han unido al movimiento del 15-M?

Miguel Romera, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del partido Ciudadanos (C’s), explica que es tan respetable la opinión del ciudadano que apoya el 15-M como el que se encuentra en contra y prefiere otro modelo. Según Romera, si no se tolera la diversidad de opiniones, el slogan de “¡Democracia real, Ya!” no será más que un velo que esconde el intento de imponer un modelo autoritario de pensamiento único. Otro estudiante de la misma facultad de la Universidad Complutense César Espitia admite que el movimiento 15-M resulta “sospechoso”, ya que se gestó justo antes de unas elecciones y a su vez los partidos de izquierda reaccionaron muy rápido a la hora de apoyarlo.

Para el joven Espitia, aunque el 15-M se declara como “pluralista” e “independiente”, esto es sólo en teoría, porque hay sectores que señalan que estas manifestaciones constituyen una manera de presentar a una izquierda “renovada”, una vez que sus referentes políticos han quedado tan desprestigiados de cara a la ciudadanía española. De hecho, en una noticia titulada “Los ciudadanos exigen reconstruir la política”, publicada el 17 de mayo en el diario El País, cita a otro estudiante español Ramón Espinar, quien a sus 25 años forma parte de la organización Juventud sin futuro y ha declaro explícitamente que “es la primera vez que la izquierda, fuera de los grandes partidos y de los sindicatos, y sin su apoyo, con una organización espontánea, sale a la calle a escenificar la quiebra del modelo”.

Al parecer, resulta evidente que el 15-M manifiesta reminiscencias ideológicas de la guerra fría, si hablamos en el contexto internacional, o de la guerra civil española y la dictadura franquista, si nos limitamos al marco de referencia español.

Corriendo el riesgo de que muchos se alteren al leer el siguiente paralelismo, considero oportuno destacar que en pleno año 2011, al visitar la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid algunos tenemos la sensación de haber dado un salto atrás en el tiempo. Pues vemos cómo se despliega ante nuestros ojos una realidad similar a la descrita por Diego Bautista Urbaneja para hacer referencia al ambiente universitario venezolano en la década de los años 60 y 70: “La Universidad Central de Venezuela fue por esos años un verdadero bastión de la izquierda marxista venezolana, amparada en ello por el principio cuasi-sagrado de la autonomía universitaria”.

En la Complutense, al igual que en la acampada del movimiento 15-M en la Puerta de Sol en Madrid se perciben “aquellos residuos de la izquierda radical que parecían haberse quedado a la vera del camino”, frase usada por Urbaneja para describir la llegada de Chávez al poder en 1998. De hecho, a mediados de este mes, el estudiante Miguel Romera fue amenazado en la sede de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense cuando se disponía a colgar carteles para promocionar una mesa redonda “De la libertad de expresión a la censura”, en la cual participó la Mesa de la Unidad Democrática Madrid.

Respecto al 15-M, Romera sostiene que la dignidad del movimiento se justifica en ese fin que ellos mismos se han atribuido, es decir “despertar a los ciudadanos”, pero su propio defecto es atribuirse la labor de hacerlo ellos solos, pretendiendo repudiar a los políticos. Romera también indica que algunas fracciones del 15-M se han dado el lujo de pedir el voto en blanco, cuando ellos mismos son la llave del cambio. De hecho, el periodista Iñaki Gabilondo al analizar las protestas del grupo Democracia Real ha advertido que hay que tener mucho cuidado al abstenerse o votar en blanco, porque de forma indirecta se está dando al apoyo a uno de los dos grandes partidos. A su vez, Gabilondo enfatiza que el 15-M reclama la necesidad de que los grandes partidos se refunden y pongan fin a su narcisismo, o ensimismamiento institucional.

¿Quién no apoyaría la idea de promover el flujo de nuevas ideas y sangre fresca para renovar a los partidos y demás agentes políticos, como los sindicatos y asociaciones vecinales? Sin embargo, aunque coincido con esta y muchas otras reivindicaciones, no comparto la visión de aquellos promotores del 15-M que se empeñan en identificar a los responsables de la situación actual como los “otros”, apostando por la cómoda postura que concede el ampararse bajo el cobijo de un “foco de control externo” sin asumir los propios fallos: “Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo”, proclama el Movimiento 15-M en Facebook. Probablemente, en Venezuela y en muchos otros rincones del mundo, este reproche, que no es original del 15-M, seguirá ganando adeptos.

No obstante, cada día somos más las personas que tenemos gran parte del conocimiento recolectado a los largo de la Historia a un clic de distancia, por lo cual no hay que ser un erudito para concluir que las nuevas generaciones tenernos el deber de asumir cabalmente nuestras responsabilidades cívicas e intentar cambiar el sistema desde dentro. Los jóvenes tenemos que tomar ejemplo de los logros y los fallos cometidos por los distintos agentes sociales, y no sucumbir ante la tentación de hacer un uso constante de las generalizaciones peyorativas, que nos llevan a despreciar todo lo relatico a la política.

Si nos queremos desligar de la etiqueta de “generación botellón”, debemos actuar consecuentemente. Tenemos que ser conscientes de que la política, como afirma Crick, no se reduce “a los actos de los políticos y de los partidos”, porque tanto en la sociedad española como en la venezolana la idea aristotélica del zoon politikon es aplicable a hombres y mujeres, jóvenes y mayores.

En resumen, los principios que inspiran al 15-M son muy loables como queda claro en su manifiesto: “Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas”. Es evidente que gran parte de las propuestas y reivindicaciones abanderadas por los protagonistas del movimiento 15-M están cargadas de sentido común y como afirma el periodista Francesco Manetto, además de deseos que rozan la utopía, los “indignados” tienen demandas concretas, plasmadas con gran claridad en un decálogo que incluye, entre otras reivindicaciones, el fin del bipartidismo, el cambio del modelo económico, la medidas contra la corrupción, una mayor representación para partidos minoritarios…

Por ende, es de sobra justificable que un promotor de la inteligencia colectiva de la talla del divulgador científico Eduardo Punset declare estar “de corazón” con el movimiento 15-M. Como reportó la agencia EFE, Punset, ante el equipo de prensa de la acampada reconoció como “absolutamente esencial” la introducción de cambios en el sistema electoral y en el sistema de representación popular, ya que lo que se hizo en la transición “se hizo mal, pero con cierta justificación”, pues en el ánimo de los legisladores estaba el dar más poder “a unos partidos políticos que salían desvencijados” de la dictadura. En definitiva, está de sobra justificado que a nivel intelectual cualquier ser cuerdo apoye los postulados que inspiran al 15-M, movimiento que al fin y al cabo se inspira en la ola de revoluciones árabes y las revueltas de los estudiantes en Grecia por la crisis económica.

No obstante, los jóvenes no debemos limitarnos a sentir indignación, sino que hemos de asumir nuestra cuota de responsabilidad por habernos separado de uno de nuestros roles claves como ciudadanos: ser actores políticos, no sólo cuando nos corresponde manifestar nuestra voluntad mediante el voto. Muchos jóvenes nos hemos limitado a mantener una actitud bastante pasiva como ciudadanos, y nos hemos confiado ante el privilegio de crecer en una sociedad de relativo bienestar, donde el sistema nos ha permitido delegar gran parte de nuestras responsabilidades cívicas en los “políticos profesionales”.

Los jóvenes tenemos que buscar entender desde dentro al sistema actual y sólo así, podremos imponer la meritocracia y trabajar por la erradicación de la corrupción, el clientelismo político y demás lacras que nos alejan del bienestar que todos anhelamos. Es nuestro deber como ciudadanos de un mundo globalizado el alejarnos del fanatismo, que, como acertadamente indica el filósofo español José Antonio Marina, somete a cautiverio a la inteligencia, porque le impide aprender.

Personalmente, apoyo el 15M si es concebido como un peldaño hacia la asunción por parte de los jóvenes de una rol proactivo a nivel político. Aunque al principio la política parece que debe ser “tomada con soda y tapándose la nariz”, luego se descubre que en la política son esenciales los libres pensadores, con tolerancia, perseverancia y buena disposición para intentar comprender otras visiones del mundo. ¿No sientes que parte de la solución para construir una mejor sociedad se encuentra en ti? Finalmente, me despido citando otra de las premisas de José Antonio Marina:

La inteligencia es un caudal poderoso y, contra viento y marea, triunfará, a menos que la especie humana se degrade, abandonándose a una felicidad de cerdo, a una claudicación que le acompaña siempre como una posibilidad tentadora.

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FOTOS: Patricia Jiménez para infoCIUDADANO.
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