Si la “Misión Vivienda” fracasara

Manuel Malaver
(@malavermanuel en Twitter)
CARACAS (infoCIUDADANO)
15/Mayo/2011


Dado que pasado año y medio de aquella “emergencia” que Chávez decretó a finales del 2009 para salvar al sistema eléctrico nacional del colapso que atribuyó al “Fenómeno del Niño”, la crisis eléctrica, no solo no se ha resuelto, sino que se agudiza a niveles que hacen temer un apocalíptico “apagón nacional”, entonces no queda más remedio que advertir a los “felices ganadores” de los “títulos y maquetas” de la “Misión Vivienda” que con toda seguridad les aguarda un futuro como el presente que hoy viven los millones de venezolanos que a lo largo y ancho del país ven con horror el recrudecimiento de los apagones.

O sea, que “viviendas dignas y bien equipadas” para el número de damnificados que permita simular que el “comandante-presidente” si construyó las 150 mil que prometió durante la fiebre de la “vivienditis” (¿unas 10 mil, 20 mil, 30 mil?), en tanto que mucho más de la mitad de los damnificados de noviembre y diciembre seguirán padeciendo por un techo y tendrá que esperar las próximas elecciones presidenciales a ver si “los títulos” y “maquetas” se convierten en realidad.

Otros largos 6 años entonces que agregarán nuevas esperanzas a las ya acumuladas, pues la única fábrica realmente eficiente en este sistema de postergaciones no precisamente inventadas por Kafka sino por una arbitrariedad que llaman revolución, es la de justificar porqué no se hizo lo que es imposible hacer.

Pasó, por ejemplo, una vez que desapareció “el Fenómeno del Niño”, (por julio o agosto del año pasado, creo ) y el nivel de aguas de la represa de Guri recuperó su cota normal, se procedió a reparar las turbinas que tenían años averiadas, se hizo un plan para la compra, reparación y hasta construcción de nuevas termoeléctricas, se mejoró el tendido eléctrico nacional, y así el presidente Chávez pudo anunciar “orbi et urbi”, en cadena de radio y televisión a finales del 2010: “Ha terminado la emergencia eléctrica, y el éxito no puede atribuírsele sino a la gerencia que presidida por el Ministro, Alí Rodrìguez, evitó que Venezuela se apagara y, sobre todo, al modelo de “socialismo del siglo XXI” cuya prioridad es resolver los problemas de los pobres de Venezuela y del mundo y no el de un puñado de sanguijuelas, ricos y explotadores”.

Hace 4 días, sin embargo, el presidente de Corpoelec-Edelca, Igor Gavidia, anunciaba un “Plan de Racionamiento Eléctrico” que se extendería a 19 estados, eso sí, sin determinar horas de cortes, ni extensión de los mismos, si bien soltaba la perla de “que se trataba de un plan de contingencia que se alargaría por todo el año, pues el país no estaba “generando” la electricidad que requería la demanda, ni contaba con el tendido adecuado para distribuirla”.

En otras palabras, que los mismos problemas que año y medio atrás habían provocado la emergencia nacional que con fanfarria y todo había decretado el presidente Chávez, y que salvo el “Fenómeno del Niño” que ahora se ha convertido en un gestor de inundaciones, regresan para convertir a Venezuela de nuevo en un pesebre de luces que se prenden y apagan.

Ahora bien, no existen dudas en cuanto a que, si hay que solucionar problemas de suministro de energía hidro o termoeléctrica se trata, en primer lugar, de imprevisibles naturales, y luego, de disponibilidades de recursos que van desde lo financiero, a lo humano, y luego a lo técnico y gerencial, que pueden en términos de tiempo racionales corregir los desfaces que no son únicos, ni sorprendentes, y se suceden en el mundo con más frecuencias de las que difunden los medios.

O sea, que por mucho que fuera su gravedad, no hay razones para que el colapso del sistema eléctrico nacional siga en el mismo punto en que se anunció hace año y medio, y ahora sí, amenazando con convertirse en una auténtica e inapelable catástrofe.

Adjetivo con que si puede etiquetarse de una vez el problema de la vivienda, ya que, a diferencia de lo que señala el presidente Chávez, no se trata de construirle viviendas solo a 150 mil venezolanos que las perdieron durante los deslaves de noviembre y diciembre del año pasado, sino a los 3 millones y medio que se han acumulado durante los casi 13 años de la revolución socialista y chavista, sin que el “comandante-presidente” se apersonara de ello, y más bien viera indiferente cómo se inflaba este gigantesco alud capaz de aplastar a la más sólida estructura gubernamental.

Millones de viviendas que pudieron construirse o reconstruirse, modelarse o remodelarse, diseñarse o rediseñarse con los gigantescos recursos que entraron a las bóvedas del BCV, de PDVSA, de la Tesorería Nacional o del FONDEN durante el último ciclo alcista de los precios del crudo que llegaron a un pico de 128 dólares el barril en julio del 2008 (un BILLON DE DÓLARES en total), pero que por algún artilugio misterioso que ninguna escuela económica ha explicado hasta ahora, dejó a Venezuela más pobre que nunca.

Sin seguridad personal, sin educación, sin salud, sin luz eléctrica y sin viviendas.

Pero lo peor: sin un sistema democrático medianamente funcional, con independencia de los poderes, y un estado de derecho que investigue, no solo la manera cómo fue dilapidada tan colosal masa de recursos, sino que evite que el sistema autoritario que encarna el personalismo chavista, destruya lo que resta del país.

De modo que, no está equivocado el presidente, Chávez, ni los equipos de estrategas políticos que lo asesoran (si es que los tiene) que en vencer el reto que el mismo se ha impuesto, como es construir este año las 150 mil viviendas que se perdieron en noviembre y diciembre del año pasado, está la clave para ganar las elecciones presidenciales de finales del 2012, y no porque la cifra anularía el número mágico de más de 7 millones de votos que necesita para vencer, sino porque sería algo así como ganar o perder esa última oportunidad, después de la cual al equipo perdedor no le queda otro camino que abandonar el terreno de juego.

Que pienso es lo que va a ocurrir, pues si frente a una emergencia como la que vivió el país en la primera mitad del 2010, con motivo del colapso del sistema eléctrico, si frente a una urgencia para la cual se tenían los recursos para resolverla, ante esta nueva, como es la crisis de la vivienda, cuando no se tienen, es evidente que no habrá otra salida que presentar en enero del 2013 al equivalente del ingeniero Gavidia anunciando otra vez, “que la crisis continúa y que lo que se tiene es una nueva fecha para su solución”.

Para empezar, es evidente que no se cuenta con la energía eléctrica indispensable para que operen las máquinas herramientas y los equipos mecánicos -y hasta electrónicos- que se requieren para que urbanizaciones y pueblos enteros surjan en márgenes de tiempos sensiblemente menores a los requeridos en épocas normales.

Pero en caso de que se construyeran ¿de qué energía eléctrica dispondrían para que sean medianamente habitables?

El segundo problema sería el de los materiales de construcción propiamente dichos, pues ya se conoce la escasez de cemento, cabillas, madera, láminas de diversos tipos, plásticos y materialmente de revestimiento que padece el país.

Y last, but not least, habría que solucionar el problema de las zonas con terrenos realmente construibles en el país, o que no necesitan de tratamiento para serlo, ya que se sabe que en el Área Metropolitana de Caracas, donde la escasez de vivienda es más aguda, las tierras de areniscas y arcillosas hacen realmente problemática la construcción.

Y debe ser por eso que el problema de las 150 mil viviendas, se está solucionando de una manera muy “revolucionaria, muy socialista y muy chavista”, como es ocupando áreas que se empleaban en negocios como estacionamientos, ventas de vehículos, talleres y comercios para, una vez barridos de dueños, títulos de propiedad, enseres y bienhechurías, se procedan a emplazar los presuntos nuevos diseños urbanísticos.

Pero también se le está aplicando esta medicina a casas, o grupos a casas, a edificios o grupos de edificios, que de acuerdo a una curiosa ley de reciente aprobación y publicación( “Ley Orgánica de Emergencias para Terrenos y Viviendas”, se llama), del sombrero de algún mago burócrata del Ministerio de Vivienda y Hàbitat, sale la “sentencia” para “ocupar” una propiedad y así se la desapropia, o expropia, sin detenerse en si está ocupada por sus legítimos dueños o habitantes, o son fábricas, comercios o talleres donde cientos o miles de trabajadores se procuran el sustento.

Y así lleva a cabo Chávez “su milagro de los panes y los peces”, que no es otro que construirle las 150 mil viviendas que perdieron en noviembre y diciembre pasado otros tantos habitantes del valle de Caracas, pero no construyéndoselas, sino quitándoselas a quienes ya las habían construido.

Afortunadamente hay por ahí funcionarios que han salido a aclarar los términos de la curiosa ley, como es el vicepresidente, Elías Jaua, quien le declaró a la periodista, Maripili Hernández en su programa, “Diálogo Abierto”, del circuito Unión Radio, el martes pasado, “que la ley solo permite la ocupación, pero no la expropiación, de inmuebles abandonados, donde no vivan familias, ni trabaje ningún personal, pues no se trata de quitarle su vivienda, ni de desalojar de su sitio de trabajo a nadie, sino de que todos los venezolanos contribuyan a la solución de un problema que es de todos”.

Pues ojalá que sea como dice Jaua, porque si no, nadie termina con viviendas dignas y equipadas, pues lo que se genera es una escasez monstruosa al no haber viviendas ni para alquilar, ni para comprar y el país, en lo que se refiere a viviendas, termina convertido en un inmenso cuchitril.

Y si alguien lo duda… que se de un viajecito por la Cuba de los hermanos Castro.

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ILUSTRACIÓN: Lúdico para infoCIUDADANO
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