El mensaje social y la violencia contra la mujer

Carla Alvarenga
(@CarlaAlvarenga en Twitter)
CARACAS (infoCIUDADANO)
28/Abril/2011

El año pasado la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, declaró en un programa de radio que, hasta el 30 de agosto del año en curso, habían ingresado 65.454 denuncias de violencia contra la mujer al Ministerio Público. El número –que impactó la agenda noticiosa del país- hizo una invitación al análisis y profundización de este complejo y multifactorial problema social que atraviesa el mundo. Y que según la viceministra para la Transversalidad Política de Género, Élida Ponte, tocaba fuertemente la realidad de Venezuela, pues “en uno de cada tres hogares venezolanos una mujer es víctima de violencia” aseguró Ponte en abril de 2010.

Sin tener el análisis de la data, tal y como se hace en los informes anuales del MP, la proyección indicó que 2010 pudo cerrar con poco más de 90.000 nuevos casos registrados por el principal órgano judicial del país. Cifra que se equipara con las 95.560 acusaciones por violencia contra la mujer, que ingresaron a Fiscalía el pasado 2009 según el MP. Contrastando con los 58.421 casos que se contabilizaron en el mismo órgano judicial para 2008.

En resumen, desde 2008 -que es desde cuando se tiene acceso a información oficial de este tipo- se están registrando más de cincuenta mil denuncias, incluso rozando ya las cien mil casos de violencia contra la mujer en el país.

Está socialmente aceptado: el hombre pega tres gritos

La directora del Observatorio Bolivariano de Género, Victoria Aguirre, defiende una tesis: “La sociedad venezolana es patriarcal, no matriarcal, eso ha sido un manejo ignorante. Venezuela es patriarcal, es la visión, la concepción del hombre lo que condiciona todo”. Y a esta situación que ella concibe como patriarcado, le adjudica la porción más significativa en el problema de la violencia contra la mujer.

Vicki Aguirre, como mejor se le conoce, manifiesta que el carácter “machista” que tiene el Estado venezolano es la raíz más profunda de la violencia contra la mujer. El panorama es entonces “una ideología donde hay relaciones desiguales de poder, donde el hombre se siente con el derecho a tener el poder: esta es mi mujer, es mía y yo decido lo que se va a poner, lo que va a comer…” explica Aguirre.

La directora del observatorio asegura que aunque cada caso tiene sus particularidades, existen tres factores que son indelebles en el marco referencial de la víctima de violencia: nivel de instrucción, ambiente social y antecedentes familiares. Como se puede ver todos los elementos tienen su fuente de origen en la sociedad y la cultura. Donde también juega un papel importante la presión social y familiar, pues como explica Victoria culpabilizan a la mujer basados en el aprendizaje colectivo –la cultura e idiosincrasia nacional- machista.

“Tú tienes la culpa porque tú tienes que darte a tu esposo, atenderlo… así te dicen y, puedes no estar de acuerdo pero entonces piensas: así son los hombres” agrega Aguirre, quien continúa exponiendo “el hombre tira el plato y pega tres gritos, y eso está socialmente aceptado, es cultura heredada”.

Por mucho tiempo se consideró que el nivel socioeconómico y el de instrucción eran discriminatorios dentro de la violencia contra la mujer, es decir, que quienes tenían un nivel económico mayor y un nivel de instrucción más avanzado, se iban separando de la posibilidad de ser víctimas de violencia. Hoy se sabe que esto no es más que un mito, pues tal y como lo cita Aguirre “estudios internacionales indican que todas las mujeres en algún momento de su vida han sido víctimas de algún tipo de violencia”, además agrega datos sobre la situación en Venezuela “el 49,5% de las mujeres víctimas de violencia tienen un nivel de instrucción entre secundaria y técnico medio” y cierra “el Estado es machista y eso se encuentra desde el menor hasta el mayor nivel cultural y socioeconómico”.

Aún cuando los niveles socioeconómicos y de instrucción no eximen a la mujer de ser víctima, Aguirre explica que cuando la mujer tiene independencia económica no tolera la agresión perennemente, en algún momento busca -y encuentra- la salida a la situación, con o sin ayuda de los organismos públicos. Diferente es la realidad de la que depende económicamente de su agresor. En las propias palabras de la directora del Observatorio Bolivariano de Género: “para la mujer es más fácil el divorcio que la denuncia de agresión”.

El mejor reflejo de esa realidad que expone Vicki Aguirre se presenta en las cifras que ha recogido el Observatorio, quienes informan que seis de cada diez denuncias provienen de mujeres entre 20 y 40 años de edad –considerada la edad más productiva de las féminas-, y que además la mayoría tiene de dos a tres hijos, en promedio.

“La ruta de la violencia”

“Lo cultural, los roles que nos asignan, eso que nos enseñaron que entre marido y mujer nadie se debe meter, o que la mujer se debe sacrificar por sus hijos, no importa si es maltratadísima en su relación de pareja, ella por sus hijos y como madre se tiene que sacrificar… esos son aprendizajes que tenemos en un contexto cultural. Muchas veces no se distingue como violencia, sino como algo que te tienes que aguantar, que lo tienes que resistir porque tú eres mujer y te toca”, así de enérgica se manifiesta Vivian Díaz, coordinadora de Amnistía Venezuela para la campaña de violencia contra la mujer.

Para Díaz, todos los aspectos que influyen para que una mujer soporte una situación de violencia, son culturales, y enumera “la dependencia económica, pero sobre todo afectiva que tiene con su pareja (relación donde más se dan los casos de violencia, pero no es la única), esto es complicado, ese es un lazo muy difícil de romper”. Y es que Victoria Aguirre arrojó cifras a esta realidad descrita “73,6% de las mujeres que denuncian, aseguran que la situación la viven desde hace años” –estadística que recoge el Observatorio. Es decir que mucho más de la mitad de las víctimas que denuncian han soportado la violencia por largos períodos de tiempo. Pero ¿qué lleva a una mujer a tolerar agresiones?

Como ya se ha venido tratando, la cultura invita a la tolerancia, pues coloca en un rol de dominio al hombre, además del resto de las creencias que posicionan a la mujer en una situación de sacrificio y yugo. Luego –y muy atado al aspecto cultural- está la dependencia económica, paralela a la dependencia afectiva –un factor psicológico con componente social. Y entre otros tantos, resalta uno: el miedo.

“El temor es un aspecto fundamental, temor a la agresión, incluso si están protegidas, temor a que la situación la conozcan terceros, temor por el apoyo que le pueda brindar o no el sistema judicial” asegura la representante de Aiven.

Las especialistas consultadas, hacen énfasis en que la situación es tan compleja que se hace imposible simplificar factores y ramificaciones para su explicación. Vivian comenta que “es muy complicado romper el círculo de la violencia, especialmente cuando la situación tiene mucho tiempo. Es mucho más fácil si lo identificas al comienzo de una relación y le pones un alto, que después que tienes años en esa relación y esa violencia se ha ido incrementando. Pero además están todos los elementos de dependencia, de miedo, de control por parte del agresor”.

Como el asunto no se queda en entender ¿por qué no todas las mujeres denuncian su situación?, Victoria explica el proceso –vivencial- que ocurre cuando la víctima toma la decisión de denunciar, “la mujer toma el impulso de la rabia ante la agresión para denunciar, pero al pasar unos días se calma, puede haber incluso un intento de reconciliación, y la mujer se retrae nuevamente”. Se vuelve entonces a la mujer que soporta la agresión, y los motivos por los cuales los hace –anteriormente expuestos.

Aguirre asegura que “el retiro de la denuncia es algo frecuente, es lo que llamamos la ruta de la violencia. Cuando la mujer hace la denuncia, pero existe aún una relación de cariño o afecto, una dependencia afectiva o por los hijos, y cuando ve que el procedimiento va en serio, en una administración legal en la que la persona está bajo custodia y es llevado a tribunales, la mujer entra en sentimiento de culpa o pánico: “lo van a meter preso, y la verdad es que me pegó un poquito pero no era para tanto”.

“Estos son factores que están presentes en una relación de pareja que es violenta y que se mantiene por mucho tiempo. No tiene nada que ver con esa creencia popular de ella está ahí porque le gusta o ella lo quiere así. Nadie escoge ser maltratado, nadie quiere ser agredido. En esas parejas o hay mucho temor o hay en algún momento la esperanza de que las cosas van a cambiar milagrosamente, pero la verdad es que no es así, la violencia se va incrementando con el tiempo” explica Vivian Díaz.

Como explica la misma Vivian Díaz, la violencia contra la mujer evoluciona en niveles, lo que algunos expertos han ejemplificado con el círculo de la violencia, otros con el espiral de la violencia, el asunto es que la intensidad de la violencia va aumentando. “Se comienza con el acoso, con el control, se mezcla con los celos, y se entiende que es normal, que está bien, pero después se va convirtiendo en otra cosa hasta llegar a su máxima expresión. Por eso te encuentras personas que te dicen cuando nosotros éramos novios, pasaba tal y tal cosa, pero yo no me daba cuenta que era una expresión de lo violento que era mi agresor, yo creía que era normal” comenta Vivian.

La cultura también se cambia

Vivian, concuerda con Vicki, para ambas el factor cultural es el de mayor peso en el problema social que significa la violencia contra la mujer. Y agrega un nuevo elemento para este complejo panorama, “distinguir la violencia”. La representante de Aiven expresa: “la violencia se define como el daño o lesión que una persona sufra por parte de otra, sea física o psicológica, eso es violencia, y muchos no saben cómo identificarla. Se mal entiende que sólo hay violencia cuando hay agresión física, pero para llegar a la agresión física, muy probablemente se pasa primero por la psicológica”, agregando que “lo primero que tenemos que entender es ¿qué es la violencia? Lo tenemos que entender a todo nivel, no es sólo un asunto de mujeres, es un asunto en el que los hombres también se tienen que involucrar”.

Para Aiven –y muchos especialistas- el hecho de que la cultura sea el aspecto más dañino en situación de violencia contra la mujer, no significa que no hay solución. Por insuficiente que hoy parezca, la sociedad –local y globalmente- ha cambiado generacionalmente sus prácticas y fundamentos, a favor del reconocimiento de la mujer, pero todavía queda trabajo por hacer. “Es una responsabilidad de todos, incluyendo el Estado, incrementar la conciencia pública sobre el tema de la violencia contra la mujer. Este es uno de los objetivos de Aiven, que niños, jóvenes, hombres y funcionarios públicos tengan conciencia” afirma Vivian Díaz.

Otro punto en el que confluyen los especialistas es que, como lo explica Díaz, “la información que la mujer maneje hace una gran diferencia, no es que estar informada la va a alejar de un posible agresor, pero en la medida en la que ella tenga un nivel de conciencia sobre la violencia, podrá tomar una decisión a tiempo, podrá identificar una situación a tiempo”.

Un punto a favor que se tiene en Venezuela, es que desde 2007 existe una ley que protege a la mujer de la violencia, pero la ley no se ejerce por sí sola, necesita divulgación y ejecución efectiva.

Según Vivian Díaz, uno de los pilares en la lucha contra la violencia de la mujer en Aiven, es la capacitación de los funcionarios públicos que se desempeñan en el área. Así lo explica Díaz, “nuestros funcionarios tienen que estar preparados no sólo en el conocimiento de la ley, sino en la comprensión de qué significa la violencia de género, para evitar una doble victimización”. Vivian no se refiere únicamente a quienes trabajan en tribunales, “el funcionario policial debe entender que cuando detiene al hombre que está agrediendo a la mujer, y que después la mujer va a llevarle la sopa porque es su pareja, no significa que a ella le guste que la maltraten. Lo que significa es que hay una dependencia afectiva y que seguramente no hay conciencia de lo que está pasando, pero que de cualquier modo el funcionario está en la responsabilidad de cumplir con su deber, y su deber es proteger a quien está siendo víctima, aunque ella no se esté dando cuenta de lo que es”.

Desde Aiven la propuesta es clara –y parece concordar internacional y localmente con otras organizaciones y expertos-, la información, la formación de multiplicadores y voluntariado, generar conciencia en todos los ciudadanos y generaciones de una sociedad, de la situación que se vive en torno a la violencia contra la mujer. Cambiar la cultura a base de educación. “El mensaje fundamentalmente es que la violencia contra la mujer es un delito, y que una mujer que identifique que está en una situación de violencia debe denunciarlo” afirma Díaz.

La lucha en Venezuela

Venezuela cuenta con el Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, el Instituto Nacional de la Mujer -ente adscrito al Ministerio mencionado-, órganos que se han encargado desde su creación en el año 2000 del tema de la violencia de género. Primero se creó la línea 800-mujeres, luego la defensoría nacional para los derechos de la mujer.

En 2007 se aprobó la ley orgánica para el Derecho a la Mujer a una Vida Libre de Violencia, donde se encuentran 19 tipologías de violencia. En 2008 se amplió la plataforma tecnológica para la línea 800-mujeres. Y anualmente el MP presenta avances en la capacitación de funcionarios, creación de tribunales especializados, etc.

Expertos en la materia aprecian los avances que se han realizado en los últimos años, sin embargo consideran que quedan aspectos por trabajar. La capacitación de funcionarios y la cultura estadística son algunas. Actualmente las cifras del país están dispersas en los órganos receptores de denuncias y los organismos colaboradores, no será sino hasta el próximo año donde –bajo la aplicación durante 2010 de un instrumento estadístico único en las entidades- se puedan tener cifras nacionales.

La autoestima es sólo un factor

Para el psicólogo clínico Cesar Landaeta, autor de varios libros en la materia, asegura que las mujeres pueden ser blanco fácil de violencia aún sin tener precedentes infantiles “sino que algunas vivencias que han generado sentimientos de culpa (por ejemplo, fantasías agresivas contra los padres o hermanos) pueden llevar a que la mujer, inconscientemente busque parejas castigadoras”.

Landaeta asegura que “algunas mujeres criadas desde niñas en un medio familiar violento o a quienes se les ha enseñado que el hombre es superior y deben someterse a sus mandatos, están en mayor riesgo de padecer maltratos. También, aquellas que tienen una autoestima muy baja y las que sufren de alguna patología emocional, la cual las puede llevar a buscar castigo. Estas mujeres pueden soportar por mucho tiempo un trato agresivo y dañino”, añadiendo que “existe una creencia popular de que a la mujer le gusta un hombre fuerte y que, en el fondo, busca el maltrato. Desde luego, tal cosa es falsa, pero se mantiene como un patrón estereotipado en la mente de las personas”.

Aún cuando la autoestima es un factor que influye en la tolerancia a la violencia, Cesar Landaeta apoya la tesis de la influencia cultural, explicando que “el factor autoestima es tan solo una parte del problema y no precisamente, el más importante. El mensaje social es el más dañino en el impulso de la violencia contra la mujer”. Landaeta reflexiona específicamente sobre la cultura venezolana: “los sistemas valorativos de la sociedad venezolana deben ser revisados profundamente. En ellos hay rasgos persistentes de un pasado en el cual, la mujer era una especie de esclava o de animal de cría, aún cuando a veces se proclame públicamente lo contrario”.

De hecho, para el psicólogo clínico, “la prevención es la mejor herramienta. Lo primero sería mejorar el nivel de crianza de los niños, enseñándoles a respetar a sus semejantes, mediante el respeto que se les debe a ellos mismos como personas. A los varones debería vacunárseles contra el virus del machismo y, de la violencia como recurso para resolver problemas. La mujer debería por su parte, aprender a valorarse, sin depender excesivamente de que sea tomada en cuenta por el hombre para sentirse bien”, agregando que “La prevención de la violencia física comienza por una buena y respetable identidad psicológica. El mundo sería mejor si esto último fuera más tomado en cuenta”.

“La mayoría de las mujeres que han sufrido un grado severo de violencia, experimentan stress post traumático, grados altos de ansiedad y pueden desarrollar, según el caso, fobias u otros trastornos psicológicos” comenta Landaeta.

Definitivamente no es un daño menor el que padece la víctima, y es por esto que debe prevenirse lo más posible estas situaciones, para esto es vital conocer ¿cómo es un posible agresor? “El agresor es un hombre poco desarrollado emocionalmente, con severas carencias internas que busca compensar a través del desprecio y la violencia hacia la mujer. En patologías psicóticas y en quienes existen elementos homosexuales reprimidos o no aceptados en su totalidad, también pueden darse patrones de violencia hacia el sexo opuesto. Para decirlo en pocas palabras, un “macho” que vive de su vanidad y su arrogancia.”

No estás sola

La línea de Inamujer 800-mujeres es una vía directa para recibir orientación y canalización legal y psicológica.

Existe una red de apoyo en el país –a la que se puede unir quien quiera colaborar-, que se puede contactar a través de www.aiven.org. Acá podrá encontrar contactos para capacitación, charlas, orientación y acompañamiento de casos, etc.

Frase suelta

“Amnistía, a nivel internacional, tiene cifras de un subregistro significativo, donde por cada caso que se denuncia se dejan de denunciar nueve casos más” Vivian Díaz.

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ILUSTRACIÓN: @milagrosblue para infoCIUDADANO.
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