“Ampliación de derechos”

Jesús Peñalver
(@jpenalver en Twitter)
VENEZUELA (infoCIUDADANO)
01/Marzo/2011


Todos no somos libres porque la Constitución nos concede ese derecho, no, ni la Constitución ni el Estado nos lo concede. La libertad es un derecho natural de todo ser humano por el sólo hecho de serlo; es un don de la naturaleza y el hombre sin este don, no puede ser hombre; y el Estado, como hechura de ese hombre, quien lo ha constituido, sólo lo reconoce y acepta ese derecho; por eso, ni la Constitución ni el Estado crean esos derechos del hombre, sólo los reconoce.

Sin embargo, abundaremos en el tema, no sin antes advertir, que las comillas del título de la nota obedecen a parte del contenido de la “preguntilla” muy diligentemente aprobada y/o tramitada por la Asamblea Nacional; esa suerte de carnada o dulcito de lechosa con que pretendieron manipular en la jornada refrendaria.

La Constitución Nacional reconoce los derechos, todos, no sólo la libertad; no los otorga ni regala. Desde luego que los derechos políticos también están reconocidos por la Carta Magna. La del 1999 –dicho sea de paso- adoptó el principio ya existente y aceptado por convenios y declaraciones internacionales y/o universales firmados por Venezuela, según el cual, los DDHH deben ser respetados, defendidos y/o promovidos en forma progresiva, es decir, hacia adelante, nunca hacia atrás: derecho que se conquista, no se puede retrotraer a situaciones anteriores; no se pueden conculcar, violentar o en modo alguno, restringir o disminuir en su ejercicio.

Cuando en esa interrogante se incluyó la palabr,a o alguna derivada de “ampliación”, no es más que un caramelito o anzuelo de los tramitadores para hacer ver que son demócratas, libertarios y buena nota en eso del respeto y defensa de los derechos, siendo que buscaban la infinita reelección del oriundo de Sabaneta de Barinas.

Al igual que los amables lectores, no somos legisladores para estar ampliando derechos. De modo que la pregunta urdida desde la AN (la anterior, sumisa y obediente en su totalidad) fue una vulgar concha de mango, que eludió formular otra en términos más sencillos, sin manipulaciones y con la claridad meridiana de quien actúa de bona fide, como decían los romanos. Además, en el supuesto negado, y como lo hemos apuntado en varias ocasiones, la enmienda no es el mecanismo idóneo para estar “ampliando derechos”, y mucho menos para modificar la estructura misma de la Carta Magna.

Viene a cuento –o recuento- el tema, porque si antes el propio Hugo Chávez rechazaba enérgicamente la reelección infinita para todos los cargos de elección popular, distintos al que él mismo ostenta desde hace casi doce (12) años, hoy esa posibilidad de reelección ad infinitud se extiende hasta aquéllos cargos también.

Sin más vueltas, la supuesta “ampliación de derechos” en la bendita “preguntita”, no es otra cosa que la intención personalista del propio proponente, y luego la de sus acólitos quienes, con su visto bueno, muy activo o muy pasivo, vieron en esa propuesta inconstitucional y antidemocrática la posibilidad de perpetuarse en los cargos.

La trampa se dio, lo que de suyo comportó un duro golpe al principio alternativo del gobierno de Venezuela, que no persigue otro propósito que impedir la perversa, corrupta e interesada tendencia a entronizarse ad eternum en los cargos públicos.

Te veo 2012 como referencia obligada, precisamente hoy que Venezuela se ha convertido en una gran sala de espera con esperanzas; el presidente ha anunciado ser el candidato del poseso (no se esperaba otra cosa) y en la oposición ya se mencionan nombres, procesos para seleccionar al candidato que habrá de enfrentar el continuismo, la chapuza y la improvisación.

Al candidato único, a la tarjeta única y a las esperanzas muchas, solo añadiría una sola cosa: Venezuela necesita del concurso de todos, más allá de las opiniones coincidentes o divergentes que surjan sobre el futuro inmediato y duradero de la patria. El único derecho ampliado que hoy debemos ejercer con la mayor firmeza y decisión posibles, como nunca, es el de cambiar el rumbo del país hacia un nuevo gobierno, democrático, de amplitud, sin miedo ni odios.

Finalizo estas letras citando a un admirado politólogo venezolano:
“La única desventaja que tiene la entrega del poder absoluto a un hombre, por la vía democrática, es que no existe luego la posibilidad democrática de revertir el mandato, pero eso son minucias leguleyas del derecho constitucional, que nada tienen que ver con el caso, porque tenemos la certeza de que se trata de un buen hombre”. (Laureano Márquez, Tal Cual 16-01-09)

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