Conciencia civil

Alfredo Yánez Mondragón
(@incisos en Twitter)/El Universal
CARACAS (infoCIUDADANO)
15/Diciembre/2010

La arremetida indigna y la reacción -premeditada- conduce a los mismos cánones absurdos que el experimento que no ensaya pero si yerra nos dibujó, cuando trazó esta ruta de improvisación metódica. Entonces, los adalides del por qué, de las razones, de los motivos y de los diagnósticos, se lanzan, con análisis tan superficiales como el planteamiento del Estado frente a la crisis, a la convocatoria de la “desobediencia” civil; un juego de palabras vacío, que ni motiva, ni estimula, ni motoriza.

Oposición, desobediencia, no retorno. Términos en negativo, términos de reacción, términos de quien va a la zaga en procura de alguien que -obvio- se le adelanta. Unos le compran el discurso populista, otros el de oportunista, y otros -muchos- le compran el discurso de la agenda, de la mesa de términos, del juego grotesco de su discurso belicista.

La trampa, armada en miles de frentes, se blinda con pequeños grupos civiles -víctimas de múltiples desgracias- en escenarios militares. La trampa se blinda con esta visión que invita a resignarse, antes de crear -entre todos y con todos- una estrategia que supere la invención cubana de la amenaza, del miedo, y sobre todo, del “mejor me callo, para no meterme en líos”, la censura (autocensura) pues.

Apelar a los mecanismos previstos por esta pléyade de revoltosos con poder, es estimular su deseo permanente de confrontación directa, de exclusión por la vía del aniquilamiento. Algunos, por la rabia, por la angustia, por el desespero; se pliegan a ese escenario. Lo creen inevitable.

Analizar el panorama, entender el contexto, y poner los pies en tierra; permitiría; antes que desobedecer lo inaplicable; asumir que tenemos conciencia cívica; mucho más internalizada que esta barbarie belicista y guerrerista; y en consecuencia, sentirnos en la obligación de obedecer nuestra conciencia civil.

La conciencia civil no acepta, por convicción y con decisión; las procuras que cercenan la libertad. La conciencia civil no es come flor, ni se apoltrona, ni se debate solo entre tweets. La conciencia civil tiene peso específico; y es imposible de criminalizar; no es trampa, ni se disfraza, ni aniquila.

Lo más trascendente de la conciencia civil es que es personalísima. Obedece, por principios, a cada ciudadano. No interpela liderazgos, ni se viste de ideologías. La conciencia civil es un reclamo interno que no delega responsabilidades; ni critica iniciativas, ni se autofomenta loas, ni espera complacer ambiciones de poder.

La conciencia civil es propositiva y se deslinda de toda camisa de fuerza que se empeña en frenar la acción; se deslinda de un discurso interesado que solo subsiste por su apego a una temeraria confrontación, que es hoy evidencia de deterioro, descontento, desgaste, desprestigio y depauperación.

Es la hora, no hay duda, de asumirnos, y de interpretar, con decisión inquebrantable lo que nos dicte nuestra conciencia; nuestra conciencia civil.

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FUENTE: El Universal, publicado con autorización del autor.
ILUSTRACIÓN: Composición de @milagrosblue para infoCIUDADANO.
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